Desde el comienzo

sábado, 6 de diciembre de 2014

2º Capitulo - II

Como si se tratara de la creación de un nuevo y rudimentario sistema universal totalmente sincronizado consigo mismo, el Señor comienza a martillar con un mazo tan sólido como la existencia a elementos chispeantes que se niegan con relativo éxito a los mandatos prepotentes del brazo del creador. Silencia a cada golpe centelleante los murmullos conspirativos de aquellas lenguas danzantes de fuego escupidas por las brasas.
Resolviendo enigmas abstractos en diagramas eternos, el todopoderoso por fin da forma a su entorno en láminas arquitectónicas infinitas. Materializando con teorías imposibles y fuerza bruta aquella creación que lo hará eterno.    

Un ínfimo instante después, él se muestra agotado aunque satisfecho con su labor. Totalmente engrasado y con restos de carbón en cada centímetro de su piel, llama a Pedro con un grito seco mientras se acomoda los guantes de herrero que lo protegieron en el proceso.
-¡Pedro! ¡Ya terminé mi genial obra! –Lo llama excitado.
Llega el guardián asombrado de lo poco que tardo.
Que rapidez, Señor! Veo que se esforzó  por hacer algo que deje su marca en la tierra.
-¡SI! ¡Mirá! –Ansioso, arrastra de un tirón la sábana blanca que escondía su gran invención.
-Eh… eso ya lo hizo –Dice Pedro sin tapujos y totalmente desilusionado apenas descubre lo que había debajo de los trapos.
¿Como que ya lo hice?! –Lo cuestiona prepotente.
-Sí, ya lo hizo, y la verdad que no funcionó del todo bien. No es malo pero tampoco es de los mejorcitos. –Aclara desganado. -Creo que el título de “mediocre” le encajaría a la perfección.
La criatura que había diseñado el Señor era una especie de prototipo tosco de un Homo Sapiens macho materializado en arcilla.
Uuh…! Me había olvidado de esta invención. Bueno, no importa. –Sin previo aviso aplasta de un martillazo a aquella obra. Los millones de pedazos quedan desparramados por el piso. -¡¡¡De vuelta al taller!!!
El Señor se retira entusiasmado por poner a prueba nuevamente sus habilidades mientras Pedro se queda inmóvil, mirando fijo el montículo de escombros que, a partir de ese momento, el tendrá que limpiar con una simple escoba. 

Sin importarle el malestar de Pedro, el todopoderoso se desconecta de su realidad nuevamente usando una gran olla de cobre con los desperfectos más precisos que le dan su fabricación manual. Fabricación que la hace única entre todas. La olla, reposando sobre un constante e inofensivo fuego naranja que ilumina suavemente cada curva del rostro del creador, es revuelta lentamente por él. Acaricia suavemente el mango del fino cucharon de madera en cada movimiento. Cada vez se hunde más y más en la sustancia melosa.
El universo perdió total aceleración y prevalece la quietud. El Señor mezcla sensaciones con sentimientos. Los condimenta con especias que se deslizan por sus manos como ínfimos diamantes que centellean en cada movimiento giratorio. Y como arte de magia, remueve del caldo una gran masa tentadora como caramelo fundido que abraza al cucharon de una manera firme y segura. Si no fuera por las intenciones de su creador, permanecerían unidos así por siempre.

Un momento después, el Señor demuestra ese tipo de cansancio en el que se está totalmente relajado por el mismo agotamiento. Se acerca lentamente al último lugar donde dejo a Pedro juntando los escombros. Lleva puesto un delantal de chef con voladitos y un guante aislante floreado que no solo cubre sus manos sino que además lo usa para secar el sudor de su frente.
-¡Ya está! Como ves, esta será mi próxima creación que revolucionara al mundo… y al ¡HOMBRE! –Dice mientras Pedro, muy cansado, sigue juntando cada trozo de la invención anterior.
-¿Si? ¿Revolucionara al hombre? ¡Ja!… ¿no será la mujer, no? –Sonriendo por el absurdo de su comentario.
No, no es esa tal “mujer”, Pedro! –Responde serio. -¡MIRÁ!
El Señor retira la sabana abruptamente y descubre la obra. Pedro tiene gran expectativa por lo que va a ver pero se desilusiona otra vez. Su rostro expresa cada palabra que esta por decir.
-Ejem… Señor, esa es la mujer.
-¿Si? ¿Estás seguro?
El Señor había creado a un Homo Sapiens hembra. Tambien en arcilla.
-Sí, -sigue Pedro- y digamos que no fue mejor creación que la del hombre, aunque si lo revolucionó.  
-¡Aaah…! –se sorprende- ¿y no podría mandarla igual? ¡Le agrego cualquier cosa! Una cola, un par de alitas, cuernitos, y ¡listo! Fin del problema.
-¿Le parece Señor? –lo mira fijo con un hartazgo agotador.
-¡NO! ¡No me parece! ¡Yo puedo superarme! ¡Yo puedo hacer algo más grande todavía! –Exclama en puntas de pie y con sus brazos abiertos para demostrar su grandioso ímpetu. Y sin más destroza con el mismo martillo usado anteriormente al prototipo de mujer. A Pedro no le queda otra opción que barrer nuevamente los restos de humanidad desparramados por el suelo.

Esta vez el Señor pone todo de sí para que al fin pueda concretar su objetivo. Muchas veces lo más simple es lo más efectivo y es por esto que recurre a viejos hábitos.
Poniéndose unas gafas transparentes para proteger sus ojos, el todopoderoso  recoge unas tijeras con puntas redondeadas. Comienza a tajear cada pedazo de papel, tela y cartón que encuentra. Usa el filo metálico como única herramienta para descuartizar los elementos que compondrán la vida que cambiara el equilibrio de la balanza universal.
Utilizando su lengua para equiparar el eje horizontal de su rostro, el creador cierra un ojo para medir las proporciones áureas de cada elemento de esta criatura. Cada uno de los pedacitos recortados es fusionado en un charco primordial de cola adhesiva para unirse en algo más ¡GRANDE! Finalmente usa crayones de colores para crear unas tramas que lo camuflaran de sus depredadores. La brillantina será empleada como escamas impenetrables. Y un lápiz negro dibujara cada rasgo que definirá su estructura facial para que exprese sus mayores pesares en la tierra. 

Una eternidad después, Pedro aparece con una nueva carpeta de cartón llena de hojas. Se acerca al Señor mientras lee atentamente su archivo y nota que el creador se encuentra recostado en su sillón mirando la magnífica pantalla. Antes de que pueda abrir la boca su jefe se levanta rápidamente mostrando todas las secuelas que le dejo su última creación. Un lápiz pegado a su frente, sus ojos al resguardo de sus gafas transparentes, sus dedos envueltos en banditas para esconder los fatales errores de cálculo y un pecho hinchado de orgullo y brillantina que están listos para enfrentar cualquier cuestionamiento.
-¡Por fin terminó! –Se queja. -Estuvo demasiado tiempo encerrado en su taller. Pensé que no iba a salir nunca más.
-¡Ja! Es que esta vez sí que es la mejor de mis creaciones. Te juro que casi no lo logro, ¡eh! –Bromea guiñando un ojo.
-Sí, le creo –dice indiferente-  ¿Me deja verlo así tramito su descenso?
-¡Por supuesto!
Y de un solo movimiento fugaz le entrega a Pedro una hoja de papel remendada que sostiene un pobre collage de la nueva criatura. En él promete unir cuerpo y alma con pegamento de cola. En esa maraña apenas se deduce que es un animal. Además, a falta de nuevas ideas, pareciera que el Señor utilizo pedazos de otras bestias para terminar de armar la estructura fundamental de su creación.
El guardián no puede dejar de  mirar tal aberración. Sin embargo sabía que ese había sido el último y mejor intento del Señor en hacer algo nuevo que termine de completar el proceso existencial del universo. Aunque  no puede creer que sea tan inepto, ese pedazo de fibra vegetal lo demostraba.
-¿Te gusto Pedrito?  -Expectante.
-¡Es Herrrrrmoso Señor! –Irónico. Y sin mirarlo a la cara se lleva la pequeña “obra de arte” para darle vida.

-¡Sabía que no había perdido mi “toque”! –Se alaga mientras lanza golpes al aire como si fuera un boxeador próximo a conseguir la victoria.

Continuara...

jueves, 27 de noviembre de 2014

2º Capitulo - I


Todos sabemos que el alquitrán es una sustancia viscosa de olor muy fuerte que se adhiere a todo lo que toca. Sabemos que si se derrama sobre algún objeto va buscando lentamente cada surco, pliegue o hueco para aferrarse indefinidamente. Y que la gravedad y el calor son sus mejores aliados para desplazarse sobre las superficies.
Exactamente en este estado se encuentra el Señor. Está totalmente desparramado sobre su sillón favorito. Mira la pantalla multicolor mientras intenta a duras penas mantener los ojos abiertos. Hubiera permanecido de esa forma quien sabe por cuánto tiempo más si no fuera porque Pedro (que por cierto muestra un desgano tal que podría ser otra  “sustancia viscosa de olor muy fuerte”) se le acerca ojeando una carpeta de archivo. Obviamente está chequeando algo.
UAOOOOUUuuuhmmm, mñam, mñam!!! –El todopoderoso bosteza como una foca gelatinosa. -¡Hola Pedro! Qué momento… nada interesante a la vista. –Dice con los ojos apenas abiertos.
-Sí, la verdad que hace mucho que acá no pasa nada. –Concentrado en el archivo. -En fin, de eso le quería hablar, Señor. Yo entiendo que la eternidad es larga y sus ideas se van acabando pero ¿no le parece que ya paso demasiado tiempo desde que intervino por última vez en sus creaciones?
-Es que a mí me gustan que sean ¡LIBRES! Quiero que decidan por si solas. Quiero que sepan lo que es estar… ¡VIVO! –Sin dejar de mirar la pantalla, se hunde todavía más en el sillón. -Además, para eso fue que invente el “Sistema de Automaticidad Cósmica”.
-Sí Señor, comprendo que: “No quiera intervenir en sus maravillosas creaciones para que sepan el significado de la vida” –Contesta a la vez que usa sus dedos para enfatizar unas inexistentes comillas. Sigue. Sin embargo el “Sistema de Automaticidad Cósmica” está funcionando prácticamente desde siempre. Y no cuestiono que no sea igual o mejor a sus intervenciones, pero no nos vendría mal que se haga notar un poco más, solo un cachito. -Usa sus dedos pulgar e índice para marcar una pequeña medida estándar
-Mmmh, puedes ser –duda- mis creaciones necesitan de mí. ¿Que tenías en mente?
-No se… “algo” –se encoje de hombros. -Tampoco quiero que se desgarre el lomo así que estuve pensado que podría ser algo normal, de esas cosas que usted siempre hizo bien, esas cosas sutiles que pasan casi desapercibidas.
El Señor se levanta de repente aplastando la pereza que lo dominaba. Y con aire heroico, digno de un emperador legendario, adopta la posición de un superhéroe después de haber cumplido con su misión.
-¡NO! ¡Esta vez voy a hacer algo grande! ¡Enorme! ¡GIGANTESCO! ¡Que cambiara la forma de ver la existencia misma!!!
A pesar de su convicción en cambiar el universo se queda unos instantes paralizado y en silencio. Pedro, para nada sorprendido, dice:
-No tiene ni idea, ¿no?
-¡NO! –Decidido. -Estoy pensando cómo decirlo de una forma más ¡ESPECTACULAAAR! –Alarga la última silaba para generar expectativa, y porque no, ganar tiempo.
-Usted podría hacer algo fácil y lindo, -recomienda- algo como una nueva especie de animalito o…
-¡HARE UNA NUEVA ESPECIE ANIMAL!!! –Interrumpe abruptamente a Pedro. Se muestra tan orgulloso como si hubiera salvado realmente la existencia de todos. El guardián arranca rabioso las hojas de la carpeta. Destroza con los dientes las tapas de cartón, arroja los restos al piso y se aleja furioso.

-¡Eso es Pedro! ¡Ve a preparar mi estudio! jajaja -Le señala el camino a su servidor como si fuera un can amaestrado mientras carcajea de la forma más temible y villanesca posible.

Continuará...

domingo, 3 de agosto de 2014

1º Capitulo - VIII


-El problema no es precisamente que no estés en la lista, sino que existas y no estés registrada. –Analiza el Señor.
-Contáme que hiciste en tu vida terrenal, quizás así podemos averiguar a dónde perteneces.
- … … … … … … … …   –Dolly comienza a contar su historia mientras el creador la escucha atentamente.
-¡Aaaahora si! Quiero ver si entendí. –Parece haber encontrado la solución.
-Vos no fuiste creada naturalmente. ¡Apareciste porque el Hombre te hizo!  Entonces vos no perteneces acá. –Infla su pecho satisfacción.
- …?
- Si, todos los seres vivos vienen acá eventualmente. Todos aquellos que sean de MI creación –imita a un hada madrina rodeada de de bellas criaturas–…a excepción de VOS. –Con un gesto que simula comprenderla, palmea pesadamente la cabecita de Dolly.
- …?
-Sí, yo soy el creador de todos… menos el tuyo. –Le explica comprensivamente.
-…?
-No, todavía no sé porque viniste a parar acá ¡NO LO SE! ¿Pero qué? ... ¡¿acaso yo tengo que tener la respuesta a todo?! -Con las manos en la cintura cuestiona un poco enojado.
-¡Pfff! JAJAJA… ¡Sí! ¡Lo sé todo! ¡Obviamente lo sé todo! Jajajaja… Es un chiste.
El Señor se queda mirando fijo a Dolly, pero finalmente se ríe al no poder soportar la farsa.
- …
-Mirá, esto es sencillo, vos no perten

eces acá así que te tenés que ir. -Trata de ser razonable con la oveja.
-
-Yo no tengo la culpa de las atrocidades que hace el Hombre. ¡Por eso les di el libre albedrío! Fue para no tener problemas con sus actos. –Pícaro se frota las manos.
-En síntesis, vos no sos de este lugar ni tampoco de otro, no perteneces a ningún sitio, excepto a la tierra. Tendrías que volver ahí.
- …!
-Ya sé que allá  no aprecian a los muertos vivientes, pero no tenés opción.
-
-A ver, Dolly, quiero que lo entiendas. –Se prepara para dar la explicación definitiva a las preguntas de la oveja.
-Yo fui el creador de todo, incluso del Hombre. Un ser, que a pesar de  mis esfuerzos, es sumamente imperfecto. Por lo tanto… yo hice un ser imperfecto que después te hizo a vos, por lo tanto, vos serias dos veces imperfecta... ¡Ja! -Burlon.
Silencio.
-A menos... –murmurando se pierde en su divague. -A menos que la perfección se saltee una creación,... en ese caso serias perfecta….  Igual que… ¡YO!
El Señor se queda sentado en el piso sosteniendo sus rodillas junto al pecho con solo un brazo mientras que con el otro tapa su boca en signo de preocupación. No puede dejar de observar a Dolly. Ella le sostiene la mirada esperando que termine con sus conjeturas y la libere de la tan tremenda incertidumbre.


Los dos permanecen en un silencio absoluto como si el tiempo se hubiera congelado. Al divagar con sus ideas el todopoderoso se creó un nuevo panorama, y este le representaba la realidad actual de los acontecimientos terrenales. Pero él no iba a dejar que se cuestione así como si nada su liderazgo, así que recurrió a la solución históricamente más efectiva.
De una patada la oveja atravesó el portal, abriéndolo de repente por la brutalidad del impacto. Pedro, sorprendido por el estruendo, solo vuelve en sí cuando el Señor se asoma a los gritos haciendo gestos similares a lo de los mafiosos Siciliano.
-¡Y no vuelvas, sino…!
Dolly yacía en el suelo patas para arriba tratando de entender por qué no recibió todo lo que en vida le prometieron. El Señor, furioso, le ordena a Pedro entrar.
-¡Pedro! ¡Metete! ¡Y esta vez no te olvides de cerrar con llave las puertas!
Asustado, obedece sin mediar palabra.


Dolly finalmente fue expulsada del paraíso, si es que alguna vez perteneció a allí. Sola, en medio de la mismísima nada, se pone de pie y comienza a vagar. Esta es ahora su única opción.


Continuará...

lunes, 28 de julio de 2014

1º Capitulo - VII

Mientras tanto, en el portal, Pedro sigue recostado.
-Qué lástima, ¡perdí el alma! -Se dice a si mismo mientras dormita.
–Probablemente el Señor me castigará por eso y realmente temo depender de su creatividad en ese rubro.
Al principio Pedro está muy relajado, casi adormecido, pero en un instante se da cuenta de lo verdadero que es su razonamiento.

Un buen plan ejecutado después, Pedro yace como si nada en el atril.
-¡Hola Pedro! ¿Dónde está el alma que no podías encontrar en la lista? -El Señor aparece de repente y asusta al guardián, interrumpiendo una de sus siestas periodicas. Se despabila de inmediato y responde a la pregunta señalando solo con su dedo índice al sitio donde supuestamente se encuentra Dolly. Lo hace sin emitir sonido.
El Señor se da media vuelta y entrecierra los ojos tratando de agudizar su visión. Se pone en cuclillas y hace un esfuerzo enorme como si tuviera que  distinguir algo a la distancia aunque en realidad la supuesta oveja se encuentra a unos metros. La observa detenidamente para tratar de confirmar que es ella. Sin embargo se nota a simple vista que es una muy mala imitación hecha de trapos rellenos de arena. Tiene las patas pintadas sobre la tela y botones como ojos que están cocidos brutalmente. Pedro puede tener mucha imaginación a la hora de crear un plan pero no hay dudas de que no es bueno ejecutándolos, y menos si estos tienen que ver con hacer manualidades. 



-Creo que eso es una pelota de trapo… pero… -Es obvio  que lo es pero trata de asegurarse.  -¡Sí, es una pelota de trapo!
Aja! ¡Se dio cuenta! –Algo preocupado, falsea una sonrisa.
-¡Jajaja! ¡Ahora entiendo! ¡Jajaja! ¡Por eso te quiero Pedrito!... ¡Te estás vengando por el susto que te di, eh!! ¡Jajajaja! –El Señor lo palmea mientras éste lo mira con la misma sonrisa forzada de antes aunque esta vez ya no oculta su preocupación sino más bien su rencor.
-¡Qué lindooo! ¡Qué lindo reírse de las venganzas! –Termina por erguirse para seguir con sus responsabilidades. -¡Bueno! ¡Ahora sí!  ¿Dónde está ese ser que tantos líos te trajo? 
El Señor dice esto al mismo tiempo que el guardián abre los ojos bien grandes, sorprendido por lo que acaba de descubrir.
-¡Ahora sí! Atrás suyo, ¡ahí está! –Señalando con más entusiasmo que a la falsa Dolly.
La oveja estaba concentrada mirando su réplica de trapo. La sonrisa que tiene Pedro esta vez es verdadera. Apenas el Señor comienza a acercarse a la oveja, el guardián lo empuja para adelantársele. Levanta a Dolly por los aires y la arroja a través del portal. El Señor no termina de voltearse que también es sujetado por Pedro y lanzado detrás de la oveja. Ambos caen despatarrados dentro del Paraíso.
Bueno Señor, yo los dejo solos! –grita muy agitado. -¡Me voy a mi puesto de trabajo así ustedes pueden resolver sus problemas aquí dentro! –Les ordena el guardián desde el portal. Poniendo fin a sus obligaciones, cierra las puertas de un golpe seco.



Sacuden sus cuerpos para liberarse de cualquier rastro de polvo. El Señor y Dolly comienzan su esperada charla para descubrir qué es lo que está pasando.
-¡Así que vos sos el alma que no está en ninguna lista! –La mira con picardía esperando que esta le confiese algún pecadillo.
-  
- Muy bien, tu nombre es Dolly y Pedro ya te buscó en los otros dos libros ¿no? –Corrobora.
-
Perfecto! Seguro que si yo reviso ese registro te encuentro… ¡O mejor! –Al Señor se le ocurre un plan. -¡La puedo buscar ahora mismo en MI registro personal! –El creador se queda inmóvil con un gesto digno de un fronterizo al que una idea le llega de a gotas. -¡Sí! ¡Mejor la busco en mi registro!
El todopoderoso se acomoda de forma extraña, ligeramente en cuclillas y con los brazos tensionados a los costados del cuerpo. Pareciera que va a esquiar. Aprieta tanto las manos que corta su circulación. Quedan blancas como las nubes. Es tanta la fuerza que está haciendo que sus ojos empiezan a extraviarse de a poco. Tiembla todo su cuerpo. Entre espasmos erráticos, gotas grasosas de transpiración divina, labios humedecidos por no decir babeados y unas nubes grises que cada vez se ponen más voluminosas y oscuras, vuelve a la normalidad como si no hubiera hecho ningún esfuerzo. Los cúmulos gaseosos también desaparecen tan pronto como surgieron. La oveja se queda atónita, paralizada ante tal grotesco espectáculo.
Esto sí que es extraño! Ni siquiera en mi base de datos personal figura ninguna Dolly. Y eso que mi base de datos es ¡TODA! la base de datos.
Sumamente asustado, se sienta en el piso. Realmente no saber qué está pasando. Ella lo imita y se pone a su lado.
De esta forma tampoco te encontré!... ¡No existis! –Pálido.
-
La oveja expresa su preocupación, aunque confía en que su creador va a encontrar una solución.

Continuará... 


domingo, 20 de julio de 2014

1º Capitulo - VI

-Cualquiera diría que soy un ególatra ¡Pero que me importa! A ese cualquiera lo cree yo junto con el resto. -Confiado y burlón reflexiona. -Claro, excepto a esa tal Dolly que no la tengo en el registro... ¡Puf!... ¡¡¡Esto es paz!!!
Termina por divagar. El Señor levanta los brazos para estirarse y descansa su cabeza sobre ellos. Cierra sus ojos. Totalmente relajado, se olvida de hacia dónde iba. Planea permanecer así un buen rato, pero a pesar de la tranquilidad de la que estaba dispuesto a disfrutar, se divisa un alma a lo lejos que parece acercarse lista para quebrar aquel estado de paz. El Señor no la nota ya que mantiene sus parpados cerrados. Cuando el alma pasa a su lado se da cuenta de a quién se encontró en su camino y, como si él fuera una celebridad, comienza a temblar de emoción. Este sujeto tiene una pequeña particularidad. Tiene un rabo. Una cola que agita a toda velocidad demostrando su emoción además de unas patas similares a las de un can. Claramente tiene un desorden de hiperactividad.
-¡Usted! ¡Usted!  ¡USTED ES…!!! –Grita desbordada de ansiedad.
El todopedoroso se encontraba sumergido en un profundo sueño. Es sorprendido dando un pequeño salto en su asiento. Pero enseguida reacciona y se acomoda para estar más presentable frente a una de sus creaciones.
-Sí, sí, sí… soy yo. ¿Y vos quien sos?
-¡No lo puedo creer! ¡Estoy frente a usted! ¡¡¡Por fin!!!
Todo este tiempo no solo tiene su cola moviéndose como loca sino que además repica sus pies como un cachorro al que le acarician la panza. Es alguna extraña especie de fusión entre una persona y un perro.
-¿Y vos quien sos? –Pregunta otra vez.
 -¡¡¡Soy Yo…!!! -El alma espera algún tipo de reconocimiento ya que, por lo que le habían contado y había aprendido en toda su vida terrenal, ¡el Señor todo lo sabia! Pero en este caso ambos se quedaron en silencio. El todopoderoso esperaba que le respondiera, y el alma quería ser reconocida.
-¡Es increíble! ¡Es tal cual me lo imaginé! –Rompe el silencio y continúa con su hiperactividad errática. La indiferencia del Señor no pareció importarle.
-¡Todo este tiempo vagando por este lugar vacío y chato! -Haciendo un gesto con la mano en posición horizontal diagramando lo plano del suelo.          -Hasta que por fin el destino me trajo hasta Usted. ¡Usted! ¡USTED! –La ansiedad se apodera de su ser. -Tengo tanto que preguntarle.
Qué bueeeeno! preguntasss... –cínico. -¡Momento!... ¿Cómo que chato?
El Señor la mira ofendida esperando que ésta se disculpe.
-¡Sí! ¡Chato!... ¡Vea! -Saca una esfera del bolsillo y la coloca en el suelo. La pelota permanece inmóvil. Los dos la miran detenidamente y ante tan sólido argumento el Señor solo pudo preguntar:
-¿Quién te dio eso?
-Me lo encontré… -Retoma enseguida la conversación. -¡En todo este tiempo estuve formulando infinidad de preguntas para hacerle! ¡Acá tengo la lista entera! Justo acá, en mi “registro”
Saca una especie de pantalla luminosa portátil y la empieza a toquetear con los dedos de una mano mientras la sostiene con la otra. El creador, aterrorizado por tal aparato, lo observa desconfiado.

-¡Ya las encontré!... ¡Empiezo por la primera!!! –Y comienza. -¿Cuál fue mi misión terrenal? Digo, porque pienso que cada una de las miles de millones de vidas que habitan el mundo debe tener una misión muy específica, ¿o no? –Le clava una mirada penetrante esperando una respuesta. El Señor todavía estaba pensando en la esfera. Al ver que su creador no contesto sigue con otra pregunta.
-¡Acá va la segunda!!! ¿¿Por qué el cielo es azul?? -Lo mira fijo y con una sonrisa alarmante. Y a pesar de ser sumamente inquieta, al terminar la pregunta se queda inmóvil esperado la respuesta.
-¡La tercera! Si usted fuera un animal ¿¿¿Cuál sería??? –Esta vez el Señor se da vuelta y la ignora por completo. Le da la espalda pero ella sigue con su cuestionario.
-¡La última y más importante…! ¿¿¿Por qué…??? ¡AAAaaaahGggrrr!!! “¡Pufff!”
El alma se infla como un globo y revienta en una explosión fugaz y luminosa, sin bocanadas de fuego ni volutas de humo. Quizás descubrimos porque no se ven tantas almas en el Paraíso, o por lo menos, cerca del Señor.
La esfera que había depositado en el suelo salió despedida a algún páramo desconocido. Los pedazos de aquel extraño aparato vuelven a ser víctimas de la gravedad y comienzan a estrellarse contra el manchón negro producto de la explosión. El Señor sigue de espalda admirando el firmamento.  
-¡Listo!!! ¡Ya observé mucho!!! ¡Todo sigue siendo herrrmoso!!! –En un rápido movimiento se incorpora sobre sus pies y posa como si fuera un superhéroe. Obviamente no tiene la necesidad de reflexionar sobre las preguntas realizadas ni las consecuencias de hacerlas.

Continuará...


lunes, 14 de julio de 2014

1º Capitulo - V

-¡Que lastima! –Sumamente preocupado por el incidente. -En este lugar nadie tiene sentido del humor. Esto es insossstenible… en fin, que desperdicio. –Dice mirando la horrorosa máscara.
Despreocupado, la revolea hacia el sillón y le resta importancia a lo que acababa de suceder como si eso fuese habitual.
Mientras sacude sus brazos para dispersar el humo que quedó como remanente de aquella terrible experiencia (Para el alma, por supuesto) recuerda el objetivo de su broma.
-Por cierto, ¿Dónde se metió Pedro?  -Cuestiona en voz alta. -Mejor lo voy a buscar mientras se disipa un poco este humo espantoso.
Vuelve a sacudir sus brazos para ahuyenta a la inmensa nube gris, borrando  el único legado que el alma consumida dejó para la posteridad de todos los habitantes del paraíso. Finalmente se encaminó hacia el portal para encontrase con su fiel servidor.



Entretanto, Pedro descubre que la oveja ya no estaba en el portal. Se queda quieto unos instantes tratando de encontrar con la mirada algún rastro que haya dejado esa tal Dolly. Pero al no descubrir ninguna pista de ella, relaja sus hombros.
-Seguramente se cansó de esperar y se fue en busca de un lugar mejor… si es que lo hay, ¡pfff! –Se convence. –En fin, ya es problema de otro.
Al sentirse aliviado por no tener que cargar con esa responsabilidad, se recuesta nuevamente sobre su atril para continuar con sus rutinarias siestas.

Repasando lo que sucedió hace unos instantes, el Señor se dirige al portal en busca del guardián. Caminando plácidamente con sus brazos cruzados detrás del cuerpo, reflexiona:
Qué cosa seria! No se puede hacer ni una broma, ni una jugarreta que cualquiera lo toma a mal... –Comenta indignado. Pero de repente se frena y cambia de tema rotundamente.
-¡Por cierto! ¿Qué habrá pasado con el alma que no aparece en el registro? ¿Es posible hacer algo tan horrible como para ser rechazado aquí… y “allá”? Aunque, por otro lado… -Sigue caminando mientras se sujeta el mentón con una de sus manos para demostrar su gran concentración. 
-Aunque por otro lado -repite- Pedro probablemente no la buscó lo suficiente. Ya todos conocemos su reputación... Ejem… Antes era tan gracioso y por demás eficaz… -Mira el cielo, anhelando viejos momentos seguramente más entretenidos y felices que los actuales.  -Mejor admiro todo lo que mi grandeza hizo posible y me distraigo un rato. Tanta responsabilidad no es recomendable.

Y el Señor se distrajo. Materializo un pequeño banquito de playa, (de esos que se despliegan formando una cruz que  extiende una lona en donde uno se sienta) y reposa mirando algún inexistente horizonte. Con sus cortas patitas colgando descansa en aquella eternidad blanquecina. Podemos decir con certeza que no ostenta ningún lujo.  

Continuará... 

domingo, 29 de junio de 2014

1º Capitulo - IV

-En el portal tengo un alma que no está en ninguno de los dos libros.    
Qué extraño! Precisamente para eso creamos los libros, para que estas cosas  no pasen. ¿Cómo se llama?
-Dolly... Es una oveja.
-Mmm... Mejor traeme a la muy desdichada para averiguar qué salió mal, mientras, yo te espero acá. –Se muestra accesible.
-Enseguida Señor. –Pedro acata la orden de mala gana y se aleja a paso lento mostrando abiertamente la verdadera razón de su constante mal humor.
Cuando el guardián se aleja lo suficiente el Señor sonríe de forma maliciosa, y susurra: 
-JiJiJi... Voy a asustarlo otra vez cuando regrese, pero va a ser... ¡Con esto! 
De repente materializa una careta horrible. Una máscara que simula un rostro con la piel llena de forúnculos, bultos y pozos, y una expresión en la que ninguna mirada mortal podría fijarse ni un instante sin vomitar sus entrañas.  


Sale corriendo en puntitas de pie para no hacer ruido y se esconde detrás del sillón. Una vez allí se arrodilla esperando el momento apropiado con la careta sobre su cabeza lista para usar. Murmura:
-Pobre Pedro, siempre cae, jijiji –Actúa como un nene a punto de hacer un travesura cuando de repente escucha unos pasos acercándose. -¡Shhhhhhhh, escucho pasos! –Chista como si tuviera al lado a un cómplice de bromas.
-¡Ya está! ¡Se frenó!… ¡¡¡es Pedro!!!… ¡ahora o nunca!
Se acomoda la careta rápidamente y, con la sonrisa más malévola que pudo recrear, el Señor sale de un salto de su escondite. Casi cumple con su objetivo si no fuera que tantos preparativos, prácticas de morisquetas y gritos espantosos fueron desperdiciados en un alma cualquiera que iba andando por allí. En realidad se malgasto porque no era la victima original ya que aquella mascara cumplió muy bien su función.


El alma estaba retorcida del susto. La mano izquierda se aferraba al pecho para que su corazón no se escape mientras que la derecha cubría su cabeza de la amenaza inminente. Las rodillas chuecas y tembleques no eran nada comparado con el rostro deformado de miedo, lleno de baba y transpiración. Daba lástima ver a este ser como víctima inocente de aquella inmensa crueldad, pero al Señor no le importó. Más bien se lamentó porque no era su colega. 
Uh! ¡No es Pedro! –Murmuro decepcionado.
-¡Usted!... –Grita el alma  - ¡Usted es un...! 
Esta pobre criatura no llega a terminar su reproche que una bocanada de fuego la rodea desde abajo como si fueran tentáculos infernales. Salen temporalmente solo para cerrarse en una maraña de movimientos erráticos y gritos desgarradores. Intentando defenderse de lo que sea que lo está engullendo, el alma es transportado a un mundo del que nadie volvió jamás.


Continuará...

lunes, 23 de junio de 2014

1º Capitulo - III

El guardián había recuperado el mal humor que lo caracteriza mientras caminaba por ese paraíso blanco. Un paraíso tan vacío que no albergaba más que unas nubes rechonchas que insinuaba un falso horizonte. Se toma su tiempo para llega a un simple sillón individual de color verde. Este sillón estaba sobre una alfombra circular con motivos florales y tonos rojizos. Tenía una pequeña manta de lana sobre su respaldo que hacia juego con la alfombra y que, quizás, habría cubierto a alguien en alguna ocasión invernal.
Pedro se detiene. Nota que no hay nadie sentado sobre el sillón pero que la pantalla de luces multicolores que estaba en frente seguía encendida. Parecía que alguien recientemente estuvo viéndola allí recostado.   
-¡Señor! ¿Señor?  …¿Dónde se habrá metido?
Empieza a llamar a un tal “Señor”. Busca detrás de la pantalla, debajo de la alfombra y los almohadones. Mira hacia un lado y hacia el otro usando sus manos como visera para protegerse del brillo enceguecedor del cielo. Mientras lo sigue buscando le da la espalda al sillón y de repente unos grandes ojos saltones se asoman por sobre el respaldo. Vuelven a esconderse rápidamente cuando el guardián se voltea. Sigue llamando a ese tal “Señor”. Su humor empeora a cada instante. Refunfuña y balbucea insultos incomprensibles. Otra vez aparecen esos ojos saltones, pero esta vez esperan a que Pedro le de la espalda al asiento y…  -“¡¡¡¡¡Aaaaah!!!!! ¡Buga, buga, buga, buga!...”
Una personita con un cuerpo que pretendía más de lo que era en realidad, salta hacia él en un movimiento brusco para asustarlo. Sin embargo el guardián  lo mira fríamente sin inmutarse.
Jajajajajaajajajaaja! –La personita se desparrama de risa. Pedro lo observa. Está claro que no lo soporta.
-¡Jajajaja! ¡Tuviste que ver tu cara! Era algo así... -Este personaje toma temporalmente la forma Pedro pero con una diferencia. Lo representa de una manera asustadiza, temblando del miedo que supuestamente le causó. 

 El guardián no puede quitarle la vista de encima. Imagina que sus ojos son puñales que se hunden miles de veces en aquel cuerpecito. A pesar de la clara intención que tiene en su mirada, la personita no parece notarlo y sigue con su transformación burlona. 
- No, no es cierto Señor. –Critica la representación de una manera tajante.
Jajaja!... aaay Pedro... Si, lo es. –Le retruca limpiándose las lágrimas que se les escapaban por tantas carcajadas, pero esta vez con su cuerpo habitual.
-Sí Señor, tiene razón. –Concede resignado sabiendo que esa discusión no la podía ganar.
-¡Por supuesto!...  Bueno, contame por que venias tan apurado.
Continuará... 


lunes, 16 de junio de 2014

1º Capitulo - II

Dolly, temerosa pero ansiosa, golpetea el atril con su patita esperando algún signo de conciencia de esa persona. Falla en su primer intento. Pero como no había llegado hasta allí para rendirse tan fácilmente, arremetió a patadas el atril esperando que el ruido lo despertara. Esta vez apenas logró su objetivo. El hombre que estaba recostado se fue enderezando lentamente sin apuros ni reparos en que tenia a alguien en frente. Finalmente, con los ruidos y bostezos normales que cualquier ser emite al desperezarse, el hombre se incorpora y descubre que lo habían despertado a propósito. “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” -comento el parlante justo a tiempo para interrumpir esos ruidos desagradables- El guardián mira fijo a Dolly esperando algo de ella o quizás dándole tiempo a su propio cuerpo para que entre en pleno funcionamiento y así poder articular alguna idea. Entonces dijo:
-Sí, estaba durmiendo… ¡hasta que llegaste! –El misterioso guardián se adelanta al reproche. Lo hace de forma pausada mientras se frota el rostro con sus manos.
 -Mi nombre es Pedro y… “…¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” –Es interrumpido por el parlante nuevamente. Pedro lo mira disgustado, advirtiéndole que no lo vuelva a hacer.
-Como decía… Mi nombre es Pedro y… “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” –Otra vez el parlante se interpone en la oración.
En ese momento Dolly sospechó que este no era un simple objeto inerte. Más bien parecía elegir cuando repetir esa frase que estaba predestinado a decir por toda la eternidad. Quizás no fue tan desacertado pensar que pedía a gritos que lo reemplacen.  
Pedro le clava la mirada y lo señala en forma amenazante. Le advierte que esta vez va en serio. Y continúa.
-Como le decía -mira fijo al artefacto- Mi nombre es Pedro… “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...”
De un solo movimiento Pedro arranca salvajemente el cable que le servía de alimentación, y con él, desgarra y descuartiza cada elemento que lo componía en una instantánea reacción en cadena. Dolly queda sorprendida por ese acto bestial.  Termina por limpiarse las astillas que la impactaron. Algunos restos quedan fijados a la pared siendo consumidos por una pequeña e inofensiva llama. Pedro comienza nuevamente con su oración inconclusa.  
 -¡Listo! ¡Problema resuelto! –Sacude sus manos- Como decía, mi nombre es Pedro y... ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso! –se mofa del aparato. 
-Entonces -sigue- dígame cuál es su nombre así lo tacho de la lista e ingresa al paraíso.
- ...  (Como podíamos sospechar esta oveja tampoco puede hablar, al menos no de la forma en la que estamos acostumbrados.)
-Eh… ¿Me lo repetiría?
- ...
-Con que Dolly, eh… Daniela, Diego…Dolly… ¿Dolly?
Pedro usa sus lentes para leer de cerca y busca el nombre sin resultados favorables en un libro comparable a una guía telefónica que estaba carcomida por el tiempo. Entonces se pone a pensar con la mirada perdida en algún horizonte inexistente y, con un gesto de complicidad y picardía, dice:
- Mmmh... No la encuentro...  Quizás esté en los rechazados.
Comienza a buscar detrás de su atril haciendo un ruido tremendo, como si en esa pequeña caja de madera, que le servía más de almohada que de escritorio, escondiera un mundo de libros y utensilios de lata totalmente desordenados. El ruido se detiene repentinamente. Cuando parece haber encontrado lo que estaba buscando,  saca un enorme libro capaz de aplastar una ciudad entera. Pedro logra sostenerlo en un movimiento fugaz. Dolly no deja de sorprenderse por el tamaño monumental de aquella cosa.
La oveja observa detenidamente como Pedro traslada y acomoda en el suelo a ese gigantesco volumen como si fuera uno más de cualquier biblioteca. Mientras el guardián busca la página Dolly se acerca cautelosamente. A pesar de que el libro tiene dimensiones extraordinarias parecería que llegar al lado del guardián no costara más que unos pasos y algunos segundos.
Entre los dos buscan aquel nombre pacientemente pero no obtienen ningún resultado. Pedro queda atónito. Si en ese momento seguía conservando algo del mal humor que demostraba su rostro y su hablar, se le borró completamente al no hallarla.     
- ¡Acá tampoco está! ¡Esto es muy raro!... ¡No se mueva! ¡Ahora vengo!... Voy a hacer una consulta acerca su llegada.
-
Pedro se queda mudo ante la consulta de  Dolly pero no deja que la incertidumbre lo congele y comienza a caminar hacia el portal mientras la oveja lo sigue con sus ojos. Abre una de esas puertas imponentes como si fueran de cartón y entra al supuesto paraíso. La oveja, que no se perdía de un solo detalle, se da cuenta que aquellas puertas medievales no fueron destrabadas por él. No se cerraban por completo o al menos en ese momento no lo estaban.

Continuará... 

domingo, 8 de junio de 2014

1º Capitulo - I

“¡¡¡Que se haga la luz!!!”

De repente abrió los ojos, saliendo por fin de la oscuridad más profunda,  y solo para encontrarse rodeada de una luz cegadora. Tardó unos segundo en darse cuenta que estaba flotando entre nubes calmas y voluptuosas gracias a unas pequeñas alas que la transportaban por ese cielo fantástico. Sabía muy bien que esas diminutas alas en cualquier otro lugar no podrían levantar ni a un gorrión, sin embargo no le importó y se concentró en disfrutar de aquella hermosa travesía.
Todas aquellas experiencias y sensaciones que tuvo en su periodo terrenal las revivió en ese breve lapso de tiempo que estuvo por los cielos. Y fue breve porque de repente, en un abrir y cerrar de ojos, las pequeñas alas se desprendieron del lomo de Dolly. Esta peculiar oveja comenzó a caer como si su cuerpo fuera de plomo macizo. Escabulléndose de esas hermosas nubes veía como el suelo se acercaba más y más. No tuvo tiempo de pensar en nada, solo logro sentir un temor apremiante. “¿Otra vez pasar por lo mismo que la hizo llegar hasta ahí?” El impacto fue tremendo pero indoloro. Dolly comenzó a rebotar por toda la superficie como si fuera una bola de estambre. Ella siempre mantuvo los ojos abiertos, como si no quisiera perderse de ningún detalle por más aterrador que fuera. Cuando la inercia por fin desapareció, Dolly logró incorporarse en sus cuatro cortitas y negras patas. Con la cabeza en alto comenzó a caminar alejándose lentamente del lugar donde aterrizó. No se puso a pensar demasiado en cómo llego hasta allí. El paisaje en este sito era blanco, simplemente blanco, sin horizonte ni alguna referencia que le diga para dónde iba, pero intuía que tenía que seguir andando en esa dirección.    


“… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” Una voz profunda interrumpió sus pensamientos y su andar. Comenzó a caminar con cautela creyendo que alguien estaba delante de ella. De forma precavida avanzó unos pasos pero como no logró identificar ninguna figura, no vio motivo para detenerse.

“… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” De nuevo la misma voz. Pensó que se estaba volviendo loca por escuchar cosas que no veía. Creía que su mente le estaba jugando una broma. Pero esta vez apenas logró identificar una pequeña mancha con forma humanoide en el horizonte. Caminó más despacio que nunca, temiendo futuros imprevistos.  
“… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” Además de aquella silueta que iba tomando forma, pudo identificar un portal alto y angosto a un costado. Aquella entrada al paraíso que tanto estaba buscando por fin había aparecido. Aceleró su caminata “¡Ese era el lugar! ¡Ese era el portal que tenía que pasar para descansar por toda la eternidad!” Cuando por fin llegó fue recibida nuevamente por la misma frase. “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” Descubrió que aquella voz profunda salía de un parlante de madera que estaba amurado a la pared de piedra, justo al lado de las interminables puertas. Este artefacto pedía a gritos que los reemplazaran de una buena vez. Triste por ese pobre recibimiento, la oveja  bajo la mirada y pudo identificar que la figura humanoide no era más que una persona recostada sobre un simple atril. Aquel aparente guardián del portal estaba durmiendo muy plácidamente mientras el parlante seguía haciendo su trabajo. “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...”


Con un cuerpo casi esférico, acentuado por una gran calva que ostentaba su cabezota, unas cejas y nariz que competían por ser las más tupidas,  y una maraña de pelos que no superaban el ecuador que proponían sus orejas; el guardián del paraíso seguía apoyado sobre el atril de madera. Estaba de pie. Su calzado eran unas pantuflas con forma de patas de oso. A pesar de todo seguía sin advertir la presencia de la oveja. 



Continuará...