Mientras
el Señor sigue mirando sus destellos multicolor, Pedro regresa de arrear a las
bestias. Pero esta vez con una inquietud que lo tiene muy perturbado.
-Señor, –interrumpe- notó que, además del inmenso exterminio que a
usted le subió el autoestima, últimamente
hay muy pocas almas circulando.
-Mmmh… no, no lo note –indiferente- estuve muy concentrado observando mis
creaciones.
-Entonces le paso a comunicar que ¡SI! hay menos almas circulando por
el paraíso. Sin embargo, recientemente aumento de forma terrible la cantidad
que ingresaron. Aunque entran más y más,
cada vez veo a menos caminando por aquí –explica inquieto.
-¡Qué raro! –Reflexiona el Señor. -¿Y por qué no vas a buscar alguna de
esas almas para preguntarle por que entró y si sabe dónde están las demás?
-Yo esperaba que sea usted quién me lo dijera. –A Pedro no le
sorprendió en lo más mínimo la pregunta del Señor.
-Pedro, si querés que te acompañe solo tenés que pedírmelo. -Risueño,
se despega de su sillón para poder mirarlo de frente mientras se apoya en uno
de sus codos. Intenta tener una actitud paternal para con Pedro. Sin embargo,
como con todo lo que intenta hacer, fracasa y no hace más que mostrarse de una
forma escalofriante.
Pedro,
con sus brazos colgando a sus costados y las piernas apenas flexionadas, mira
el cielo realmente agotado. El Señor despega de un salto y aterriza en el piso
totalmente erguido y con la seguridad de un gran soldado. Comienza a caminar a
paso firme alejándose de su sitio favorito. Su más leal servidor permanece unos
instantes parado mirando al brillo de las nubes para juntar fuerzas y así
soportar tal martirio. Sin más sigue a
su creador arrastrando los pies como si tuviera pantuflas de plomo.
Los
dos marchan a la par. Ven pasar dos almas corriendo a toda velocidad en la
misma dirección que ellos. Una tercera que venía rezagada los choca desde atrás
al grito de: -“¡Apúrense, no se lo
pierdan, es nuevo y es espectacular!”
Se
miran sorprendidos, y salen corriendo junto con las almas. De a poco se dan
cuenta que cada vez se suman más en su carrera.
Sorprendidos,
se frenan de repente, siendo esquivados por los otros que seguían su maratón.
Se
encuentran frente a una fachada monumental. Molduras barrocas delicadamente
decoradas que sobresalen a la vista gracias a que las luces y sombras artísticas,
dan forma y volumen a toda la estructura. Cuando apenas bajan la mirada se dan
cuenta que están frente a una multitud de centenares de miles de almas
peleándose por tratar de atravesar el portal de ese hermoso frente.
Usando
sus poderes persuasivos el Señor saca volando a trompadas cada una de las almas
que interfieren en su camino más directo hacia la entrada. Pedro le sigue el
paso tratando de no ser golpeado por los pesos muertos que el todopoderoso
arroja por los aires de forma violenta. Este acto de salvajismo celestial no es
ni siquiera advertido por cada uno de los seres que se amontonan formando esa
avalancha de almas fanáticas. El Señor, furioso, logra atravesar la multitud.
Se dirige decidido hacia el portal para cruzarlo pero su pie fue destrozado
cuando intento abrirlo de una patada.
-¿Qué se supone qué es esto? –Se queja mientras masajea el pie afectado
por la firmeza de las puertas. -¡Exijo que me dejen pasar!
Reclama
furioso en la entrada justo cuando Pedro llega por fin a su lado. Está
totalmente agotado ya que fue absorbido por los fanáticos.
-¡Buenos días camaradas! –Los saluda un
alma que no habían visto. Evidentemente es el protector de aquel portal. Su
trabajo es el mismo que el de Pedro, él se encarga de decidir quién entra y quién no.
Este personaje se encuentra detrás de su
atril. Este es del roble más sólido y brillante. Obviamente más elegante, alto
y estilizado que el de nuestro guardián. Incluso la postura y los modales de
este guardián son superiores, quizás para disimular que por debajo de su
smoking negro tiene ocho tentáculos como brazos apoyados de forma ambiciosa y envolvente
sobre el atril.
Con sus pequeños bigotes se dirige hacia
el creador para presentarse. Entre tanto la multitud exorbitada es sostenida
por unas barandas de oro con diseños barrocos.
-Yo soy el Dr. Rock, represennntante legal del ¡Único y Real Todo Poderoso!
–Se presenta. -Usted se encuennntra en el Paraíso Real de nnnuestro gran amo y
maestro: La fabulosa oveja ¡Dolly! –Quedan boquiabiertos.
-Debennn
ser el Señor y su servidor. ¿No es cierto? –Sus modales, aunque mejores que los
de Pedro, claramente muestran una deficiencia en su forma de vocalizar.
-¡Esto es un ultraje! ¡Te voy castigar por decir tal barbaridad!
Enojadísimo,
el Señor se prepara para arrojar con las manos sus famosos rayos mortales. Las recarga
en lo alto y como si fuese una bruja encantando con sus largos dedos señala de
forma repentina y feroz al protector del portal pero, esta vez, no pasó nada.
-Mmmm, lamennnto decirle que usted no puede hacer nada ennn este sitio.
Usted no tiennne ningunnn poder en este sector del paraíso comúnnn. –Explica mientras uno de sus tentáculos expresa
de forma delicada cada una de sus palabras.
-¿Paraíso común?… ¿Qué está diciendo? ¡Pedro! ¡Hace algo!!! –Ordena
-Si
usted no pudo desintegrarlo no creo que yo pueda hacer nada. Además… yo no soy
el “Señor Supremo” –Indiferente.
-¡Exijo que me dejen entrar! ¡Así que es mejor que lo haga! –Señala al
piso para acentuar su orden.
-¡Nnno!
–Cortante.
-¡Entonces
quiero que llames a esa tal Dolly! ¡Quiero conocerla y arreglar cuentas con él!
Exige
mientras se pone en guardia como un boxeador del siglo XIX.
-Ejem… Señor… Dolly es el alma que no pertenecía a ningún lugar… ¿se
acuerda?... La oveja. –Pedro le susurra
de costado a su jefe.
-¡No!
¿De enserio? ¿Es esa? ¡Mira vos! ¿Cómo anda? –Como si nada hubiera pasado,
cambia su rostro de un perro feroz a una ardillita curiosa.
-Eh… ya lo ve, creó su propio Edén. -Sorprendido por la pregunta de su
amo.
-¡Qué bueno! Bien por ella, –bipolar- pero no me importa ¡llamala ahora!
-¡Nnno! –El Dr. se niega rotundamente.
-¡Aaah! ¡Maldición! –No hace más que quejarse con la vista clavada en
el suelo. Sin sus rayos no sabe cómo contrarrestar tan poderosa negativa.
-Mmmh, Señor le voy a tennner
que pedir que se retire. Esta afectannndo la paz de las demás criauras. –Dice el
guardia del nuevo portal.
-¡NO ME VOY NADA! No me dejan otra alternativa que emprender acciones
extremas. -Simulando arremangarse una camisa que no lleva puesta, el
Señor enfila hacia el portal barroco.
-Mmmm, le recomiennndo que nnno actúe de forma impulsiva, comprennnda
que tiennne todas las de perder en este sitio. –Le advierte el Dr.
-¡Mñamgrrbñmanm!... ¡PAYASOOO! -Lo sorprende con un balbuceo
inentendible y un grito de niña adolescente mientras, furioso, sacude el atril
para demostrar algo de su sagrado poder.
-…Por favor, Señor… ¡por favor! –Sosteniendo su atril. -Retírese sino
enfrennntara cargos por agresión verbal y daño a la propiedad privada. Además
de los otros cargos que ya enfrennnta por intennnto de monopolización divina y
por no reconocer la existencia de unnna de sus propias creaciones.
-Pfff…. ¡¡¡Ridículo!!!… ¡Ridículo vos y lo que estás diciendo! ¡Yo soy el único! ¡Y yo soy el que decide a
quien reconozco y a quien no! ¡Yo!… ¡yo!…. ¡yo!… ¡yo!… - Grita totalmente
desbordado.
-Señor creo que se tiene que calmar. –Pedro lo apacigua. -Parece estar
hablando en serio… y si es así, en este sitio no tiene jurisdicción. -Sujetando
al Señor por los hombros. -Es de Dolly, no de usted… no sabemos cómo lo
consiguió pero lo hizo ¡Cálmese!
-Mmmm,
muy fácil Pedro. Nuestro Señor Único, Real y Todo Poderoso, Dolly, inició accionnnes porque no fue reconnnocida
por su creador. Aúnnn bajo la prueba irrefutable de su existencia, no fue
aceptado. A su vez comennnzo varias demannndas por monopolización del paraíso.
–acompaña su explicación con delicados movimiento circulares de sus tentáculos.
-Pero yo nunca me entere de eso… ¡nadie me aviso! ¡Y por el solo hecho
de que soy el creador de todo tendría que saberlo! Como me van a demandar, no
hay estudios legales en el paraíso… solo en la tierra, pero… pero… ¡MENTIIIS!
–Grita de forma muy aguda.
-No
lo sé, puede ser. –Dice Pedro mientras Reflexiona. -Usted no reconoció a Dolly
como su creación entonces ella, desde ese momento, no pertenecía a ningún lugar. Fue libre de circular por cualquier
sitio que existiera además de cometer cualquier acto sin tener consecuencias
por ello. Por lo tanto, al no tener creador no tiene a nadie encima de él. No
tiene ninguna regla que seguir más que las que ella ponga. Ella es su propio
creador. Tiene todo por hacer y ninguna consecuencia que pagar por ello…
-calla unos instantes- ¡¡¡Como usted!!! -Y señala al todopoderoso como si
hubiera descubierto alguna pista clave.
-¡Exacto! –Afirma Rock. -Y es por eso que creó su propio paraíso. Uno
que acepte a todos. Además, nos sacó a nosotros, “los expertos en normas de
convivencia”, del submunnndo.
-¡Solo son estupideces! –Niega mientras se cruza de brazos y le da la
espalda al Dr.
-Pedro... ¿No quiere trabajar para Dolly? –Le hace caso omiso al Señor
y se
dirige a su par. -¡Nos serias muy útil!! –tendiéndole
un tentáculo y una leve sonrisa como invitación.
-¡¿Siii?!... No… no puedo.
El
guardián está dispuesto a aceptar la oferta pero pronto se decepciona y con su
pulgar señala a su amo.
-¡Estupideces! Solo eso… ¡Estupideces! ¡Ya van a ver! ¡Yo también voy a
tomar acciones! ¡¡¡Vamos Pedro!!! –Se retira furioso arrastrando a Pedro de una
mano.
Un
instante después…
-Señor, cuando dijo que iba a tomar medidas me imagine otra cosa, algo
más… “Profesional”.
Se
los puede ver a ambos junto a una caja de cartón vacía y envoltorios
desparramados. El Señor se prepara y comienza a ponerse una parte de un disfraz
mientras Pedro mira como cuelga de sus manos la otra parte que le toco del mismo
traje. Es uno de dos piezas que simulan a la última criatura que el
todopoderoso creo.
-¡Shhh!... Primero hay que ver qué es lo que hay dentro de ese lugar
que tanto llama la atención de todos. –Explica muy excitado, tratando de
aguantar sus carcajadas traviesas.
-Muy bien ¿pero no puedo ser la parte de delante de la criatura? –Mientras
trata de entrar en su parte del disfraz.
-No seas quisquilloso y apurate. –Se coloca la cabeza falsa del
supuesto bicho.
Entre
tiradores, pieles y parches, simulan ser un alma que recién ingreso al paraíso
y así sumarse a la fila que los hará entrar a ese lugar tan misterioso y
tentador para todas las criaturas. Aunque es una obviedad que eso es un disfraz
ningún ser nota su presencia. Y si no fuera por las risitas contenidas del
Señor pasaría totalmente desapercibido. A pesar de todo logran atravesar el
portal barroco sin ser notados por los atentos tentáculos del guardián o por lo
menos eso demostró.
“Luego
de varias parrandas”…
Una
vez afuera del paraíso de Dolly, Pedro y Señor se quedan parados a
metros de allí con sus caras petrificadas por la
sorpresa. El Señor, con una peluca flúor, guirnaldas y unas alitas de ángel que
son sostenidas por sus hombros con unos lazos de cuero, no puede ocultar su
fatal expresión de preocupación. Sus ojeras y comisuras no pretenden esconder
cada una de las terribles cosas que se le están pasando por su cabeza. Se imagina
lo desastroso que puede resultar este lugar para él y su existencia. No es el
caso de Pedro, que
ni si quiera su enorme bigote puede esconder la
enorme sonrisa que divide su rostro a la mitad. Una corbata atada a su mano
derecha, una maraca en su mano izquierda, marcas de besos con rouge sobre su
calvicie, restos de papel picado por todo su cuerpo y un chupete de plástico
gigante que cuelga de su cuello, demuestran un panorama totalmente opuesto al
de su creador.
- Esto… esto es… ¡Es terrible! –Deprimido mientras se sacude los restos
de la supuesta fiesta.
-¡Si, terrible! –Dice el guardián, inmóvil, temiendo que al alterar su
sonrisa su felicidad desaparezca.
Comienzan
a alejarse lentamente del portal de Dolly mientras varias almas los atraviesan
en dirección contraria para unirse a las largas filas que querían ingresar al
nuevo paraíso. El Señor logro deshacerse de todos los restos. Pedro se sigue
aferrando a ellos y a su sonrisa.
-Esto no es bueno. ¿Cómo un alma es capaz de hacer
algo tan terrible en mi contra?... ¡Es terrible! –Tratando de entender que está
pasando se habla a sí mismo.
-¡Si, fue terrrrible! –Dice Pedro con la mirada más extraviada que
antes.
-Yo, yo… eh… ¡Terrible! –El
todopoderoso está desconcertado.
-…Terrible
-Sí,
Pedro, terrible… -Frena su marcha de repente, recuperándose del golpe emocional.
Y mientras se endereza para tomar aliento cambia de tema.
-Por cierto, si estas vos acá ¿Quién está en el
portal?
-Si…Terrible…
¿Eh?... -Sacude su cabeza y se
despabila. -¡Ah!, sí, llame al Rey Naldo para que me reemplace. Como fue su
servidor durante mucho tiempo y tiene su confianza creí que no habría ningún problema.
–Encogiéndose de hombros busca desligarse de cualquier responsabilidad.
-¿Con
que Rey Naldo? ¡Qué bueno! –Feliz. -Entonces te voy a acompañar para verlo. Hace
mucho que no hablo con él.
-¿Acom…?
¿Acompañarme?... brgrr… Como usted quiera. ––Se le borro la enorme sonrisa al instante
y comenzó a sacudirse los recuerdos de la genial fiesta a la que fueron.
Con
marcha firme el Señor llega al portal mientras que Pedro le seguía el paso arrastrando
sus pies. Apenas destraban el portal escuchan un grito desgarrador que pedía auxilio.
Al abrir completamente las puertas descubren a un alma cubierta por una malla
de metal. Agitaba su letal arma de forma despiadada. Cualquier cosa que se cruzaba
en su camino, incluso las almas que querían entrar, eran rebanadas por ese
filo. El guardián del portal y su creador quedaron congelados al ver tal
carnicería.
Continuará...

