Desde el comienzo

sábado, 6 de diciembre de 2014

2º Capitulo - II

Como si se tratara de la creación de un nuevo y rudimentario sistema universal totalmente sincronizado consigo mismo, el Señor comienza a martillar con un mazo tan sólido como la existencia a elementos chispeantes que se niegan con relativo éxito a los mandatos prepotentes del brazo del creador. Silencia a cada golpe centelleante los murmullos conspirativos de aquellas lenguas danzantes de fuego escupidas por las brasas.
Resolviendo enigmas abstractos en diagramas eternos, el todopoderoso por fin da forma a su entorno en láminas arquitectónicas infinitas. Materializando con teorías imposibles y fuerza bruta aquella creación que lo hará eterno.    

Un ínfimo instante después, él se muestra agotado aunque satisfecho con su labor. Totalmente engrasado y con restos de carbón en cada centímetro de su piel, llama a Pedro con un grito seco mientras se acomoda los guantes de herrero que lo protegieron en el proceso.
-¡Pedro! ¡Ya terminé mi genial obra! –Lo llama excitado.
Llega el guardián asombrado de lo poco que tardo.
Que rapidez, Señor! Veo que se esforzó  por hacer algo que deje su marca en la tierra.
-¡SI! ¡Mirá! –Ansioso, arrastra de un tirón la sábana blanca que escondía su gran invención.
-Eh… eso ya lo hizo –Dice Pedro sin tapujos y totalmente desilusionado apenas descubre lo que había debajo de los trapos.
¿Como que ya lo hice?! –Lo cuestiona prepotente.
-Sí, ya lo hizo, y la verdad que no funcionó del todo bien. No es malo pero tampoco es de los mejorcitos. –Aclara desganado. -Creo que el título de “mediocre” le encajaría a la perfección.
La criatura que había diseñado el Señor era una especie de prototipo tosco de un Homo Sapiens macho materializado en arcilla.
Uuh…! Me había olvidado de esta invención. Bueno, no importa. –Sin previo aviso aplasta de un martillazo a aquella obra. Los millones de pedazos quedan desparramados por el piso. -¡¡¡De vuelta al taller!!!
El Señor se retira entusiasmado por poner a prueba nuevamente sus habilidades mientras Pedro se queda inmóvil, mirando fijo el montículo de escombros que, a partir de ese momento, el tendrá que limpiar con una simple escoba. 

Sin importarle el malestar de Pedro, el todopoderoso se desconecta de su realidad nuevamente usando una gran olla de cobre con los desperfectos más precisos que le dan su fabricación manual. Fabricación que la hace única entre todas. La olla, reposando sobre un constante e inofensivo fuego naranja que ilumina suavemente cada curva del rostro del creador, es revuelta lentamente por él. Acaricia suavemente el mango del fino cucharon de madera en cada movimiento. Cada vez se hunde más y más en la sustancia melosa.
El universo perdió total aceleración y prevalece la quietud. El Señor mezcla sensaciones con sentimientos. Los condimenta con especias que se deslizan por sus manos como ínfimos diamantes que centellean en cada movimiento giratorio. Y como arte de magia, remueve del caldo una gran masa tentadora como caramelo fundido que abraza al cucharon de una manera firme y segura. Si no fuera por las intenciones de su creador, permanecerían unidos así por siempre.

Un momento después, el Señor demuestra ese tipo de cansancio en el que se está totalmente relajado por el mismo agotamiento. Se acerca lentamente al último lugar donde dejo a Pedro juntando los escombros. Lleva puesto un delantal de chef con voladitos y un guante aislante floreado que no solo cubre sus manos sino que además lo usa para secar el sudor de su frente.
-¡Ya está! Como ves, esta será mi próxima creación que revolucionara al mundo… y al ¡HOMBRE! –Dice mientras Pedro, muy cansado, sigue juntando cada trozo de la invención anterior.
-¿Si? ¿Revolucionara al hombre? ¡Ja!… ¿no será la mujer, no? –Sonriendo por el absurdo de su comentario.
No, no es esa tal “mujer”, Pedro! –Responde serio. -¡MIRÁ!
El Señor retira la sabana abruptamente y descubre la obra. Pedro tiene gran expectativa por lo que va a ver pero se desilusiona otra vez. Su rostro expresa cada palabra que esta por decir.
-Ejem… Señor, esa es la mujer.
-¿Si? ¿Estás seguro?
El Señor había creado a un Homo Sapiens hembra. Tambien en arcilla.
-Sí, -sigue Pedro- y digamos que no fue mejor creación que la del hombre, aunque si lo revolucionó.  
-¡Aaah…! –se sorprende- ¿y no podría mandarla igual? ¡Le agrego cualquier cosa! Una cola, un par de alitas, cuernitos, y ¡listo! Fin del problema.
-¿Le parece Señor? –lo mira fijo con un hartazgo agotador.
-¡NO! ¡No me parece! ¡Yo puedo superarme! ¡Yo puedo hacer algo más grande todavía! –Exclama en puntas de pie y con sus brazos abiertos para demostrar su grandioso ímpetu. Y sin más destroza con el mismo martillo usado anteriormente al prototipo de mujer. A Pedro no le queda otra opción que barrer nuevamente los restos de humanidad desparramados por el suelo.

Esta vez el Señor pone todo de sí para que al fin pueda concretar su objetivo. Muchas veces lo más simple es lo más efectivo y es por esto que recurre a viejos hábitos.
Poniéndose unas gafas transparentes para proteger sus ojos, el todopoderoso  recoge unas tijeras con puntas redondeadas. Comienza a tajear cada pedazo de papel, tela y cartón que encuentra. Usa el filo metálico como única herramienta para descuartizar los elementos que compondrán la vida que cambiara el equilibrio de la balanza universal.
Utilizando su lengua para equiparar el eje horizontal de su rostro, el creador cierra un ojo para medir las proporciones áureas de cada elemento de esta criatura. Cada uno de los pedacitos recortados es fusionado en un charco primordial de cola adhesiva para unirse en algo más ¡GRANDE! Finalmente usa crayones de colores para crear unas tramas que lo camuflaran de sus depredadores. La brillantina será empleada como escamas impenetrables. Y un lápiz negro dibujara cada rasgo que definirá su estructura facial para que exprese sus mayores pesares en la tierra. 

Una eternidad después, Pedro aparece con una nueva carpeta de cartón llena de hojas. Se acerca al Señor mientras lee atentamente su archivo y nota que el creador se encuentra recostado en su sillón mirando la magnífica pantalla. Antes de que pueda abrir la boca su jefe se levanta rápidamente mostrando todas las secuelas que le dejo su última creación. Un lápiz pegado a su frente, sus ojos al resguardo de sus gafas transparentes, sus dedos envueltos en banditas para esconder los fatales errores de cálculo y un pecho hinchado de orgullo y brillantina que están listos para enfrentar cualquier cuestionamiento.
-¡Por fin terminó! –Se queja. -Estuvo demasiado tiempo encerrado en su taller. Pensé que no iba a salir nunca más.
-¡Ja! Es que esta vez sí que es la mejor de mis creaciones. Te juro que casi no lo logro, ¡eh! –Bromea guiñando un ojo.
-Sí, le creo –dice indiferente-  ¿Me deja verlo así tramito su descenso?
-¡Por supuesto!
Y de un solo movimiento fugaz le entrega a Pedro una hoja de papel remendada que sostiene un pobre collage de la nueva criatura. En él promete unir cuerpo y alma con pegamento de cola. En esa maraña apenas se deduce que es un animal. Además, a falta de nuevas ideas, pareciera que el Señor utilizo pedazos de otras bestias para terminar de armar la estructura fundamental de su creación.
El guardián no puede dejar de  mirar tal aberración. Sin embargo sabía que ese había sido el último y mejor intento del Señor en hacer algo nuevo que termine de completar el proceso existencial del universo. Aunque  no puede creer que sea tan inepto, ese pedazo de fibra vegetal lo demostraba.
-¿Te gusto Pedrito?  -Expectante.
-¡Es Herrrrrmoso Señor! –Irónico. Y sin mirarlo a la cara se lleva la pequeña “obra de arte” para darle vida.

-¡Sabía que no había perdido mi “toque”! –Se alaga mientras lanza golpes al aire como si fuera un boxeador próximo a conseguir la victoria.

Continuara...