-En el portal tengo un alma que no está
en ninguno de los dos libros.
-¡Qué
extraño! Precisamente para eso creamos los libros, para que estas cosas no pasen. ¿Cómo se llama?
-Dolly...
Es una oveja.
-Mmm... Mejor traeme a la muy desdichada
para averiguar qué salió mal, mientras, yo te espero acá. –Se muestra accesible.
-Enseguida Señor. –Pedro acata la orden
de mala gana y se aleja a paso lento mostrando abiertamente la verdadera razón
de su constante mal humor.
Cuando el guardián se aleja lo
suficiente el Señor sonríe de forma maliciosa, y susurra:
-JiJiJi... Voy a asustarlo otra vez
cuando regrese, pero va a ser... ¡Con esto!
De repente materializa una careta horrible. Una máscara que simula un rostro con la piel llena de forúnculos, bultos y pozos, y una expresión en la que ninguna mirada mortal podría fijarse ni un instante sin vomitar sus entrañas.
De repente materializa una careta horrible. Una máscara que simula un rostro con la piel llena de forúnculos, bultos y pozos, y una expresión en la que ninguna mirada mortal podría fijarse ni un instante sin vomitar sus entrañas.
Sale corriendo en puntitas de pie para
no hacer ruido y se esconde detrás del sillón. Una vez allí se arrodilla esperando
el momento apropiado con la careta sobre su cabeza lista para usar. Murmura:
-¡Ya está! ¡Se frenó!… ¡¡¡es Pedro!!!… ¡ahora o nunca!
Se acomoda la careta rápidamente y, con
la sonrisa más malévola que pudo recrear, el Señor sale de un salto de su escondite.
Casi cumple con su objetivo si no fuera que tantos preparativos, prácticas
de morisquetas y gritos espantosos fueron desperdiciados en un alma cualquiera
que iba andando por allí. En realidad se malgasto porque no era la victima
original ya que aquella mascara cumplió muy bien su función.
El alma estaba retorcida del susto. La
mano izquierda se aferraba al pecho para que su corazón no se escape mientras que
la derecha cubría su cabeza de la amenaza inminente. Las rodillas chuecas y
tembleques no eran nada comparado con el rostro deformado de miedo, lleno de
baba y transpiración. Daba lástima ver a este ser como víctima inocente de aquella
inmensa crueldad, pero al Señor no le importó. Más bien se lamentó porque no era
su colega.
-¡Uh!
¡No es Pedro! –Murmuro decepcionado.
-¡Usted!...
–Grita el alma - ¡Usted es un...!
Esta pobre criatura no llega a terminar
su reproche que una bocanada de fuego la rodea desde abajo como si
fueran tentáculos infernales. Salen temporalmente solo para cerrarse en una
maraña de movimientos erráticos y gritos desgarradores. Intentando defenderse
de lo que sea que lo está engullendo, el alma es transportado a un mundo del
que nadie volvió jamás.
Continuará...








