Desde el comienzo

lunes, 16 de junio de 2014

1º Capitulo - II

Dolly, temerosa pero ansiosa, golpetea el atril con su patita esperando algún signo de conciencia de esa persona. Falla en su primer intento. Pero como no había llegado hasta allí para rendirse tan fácilmente, arremetió a patadas el atril esperando que el ruido lo despertara. Esta vez apenas logró su objetivo. El hombre que estaba recostado se fue enderezando lentamente sin apuros ni reparos en que tenia a alguien en frente. Finalmente, con los ruidos y bostezos normales que cualquier ser emite al desperezarse, el hombre se incorpora y descubre que lo habían despertado a propósito. “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” -comento el parlante justo a tiempo para interrumpir esos ruidos desagradables- El guardián mira fijo a Dolly esperando algo de ella o quizás dándole tiempo a su propio cuerpo para que entre en pleno funcionamiento y así poder articular alguna idea. Entonces dijo:
-Sí, estaba durmiendo… ¡hasta que llegaste! –El misterioso guardián se adelanta al reproche. Lo hace de forma pausada mientras se frota el rostro con sus manos.
 -Mi nombre es Pedro y… “…¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” –Es interrumpido por el parlante nuevamente. Pedro lo mira disgustado, advirtiéndole que no lo vuelva a hacer.
-Como decía… Mi nombre es Pedro y… “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...” –Otra vez el parlante se interpone en la oración.
En ese momento Dolly sospechó que este no era un simple objeto inerte. Más bien parecía elegir cuando repetir esa frase que estaba predestinado a decir por toda la eternidad. Quizás no fue tan desacertado pensar que pedía a gritos que lo reemplacen.  
Pedro le clava la mirada y lo señala en forma amenazante. Le advierte que esta vez va en serio. Y continúa.
-Como le decía -mira fijo al artefacto- Mi nombre es Pedro… “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...”
De un solo movimiento Pedro arranca salvajemente el cable que le servía de alimentación, y con él, desgarra y descuartiza cada elemento que lo componía en una instantánea reacción en cadena. Dolly queda sorprendida por ese acto bestial.  Termina por limpiarse las astillas que la impactaron. Algunos restos quedan fijados a la pared siendo consumidos por una pequeña e inofensiva llama. Pedro comienza nuevamente con su oración inconclusa.  
 -¡Listo! ¡Problema resuelto! –Sacude sus manos- Como decía, mi nombre es Pedro y... ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso! –se mofa del aparato. 
-Entonces -sigue- dígame cuál es su nombre así lo tacho de la lista e ingresa al paraíso.
- ...  (Como podíamos sospechar esta oveja tampoco puede hablar, al menos no de la forma en la que estamos acostumbrados.)
-Eh… ¿Me lo repetiría?
- ...
-Con que Dolly, eh… Daniela, Diego…Dolly… ¿Dolly?
Pedro usa sus lentes para leer de cerca y busca el nombre sin resultados favorables en un libro comparable a una guía telefónica que estaba carcomida por el tiempo. Entonces se pone a pensar con la mirada perdida en algún horizonte inexistente y, con un gesto de complicidad y picardía, dice:
- Mmmh... No la encuentro...  Quizás esté en los rechazados.
Comienza a buscar detrás de su atril haciendo un ruido tremendo, como si en esa pequeña caja de madera, que le servía más de almohada que de escritorio, escondiera un mundo de libros y utensilios de lata totalmente desordenados. El ruido se detiene repentinamente. Cuando parece haber encontrado lo que estaba buscando,  saca un enorme libro capaz de aplastar una ciudad entera. Pedro logra sostenerlo en un movimiento fugaz. Dolly no deja de sorprenderse por el tamaño monumental de aquella cosa.
La oveja observa detenidamente como Pedro traslada y acomoda en el suelo a ese gigantesco volumen como si fuera uno más de cualquier biblioteca. Mientras el guardián busca la página Dolly se acerca cautelosamente. A pesar de que el libro tiene dimensiones extraordinarias parecería que llegar al lado del guardián no costara más que unos pasos y algunos segundos.
Entre los dos buscan aquel nombre pacientemente pero no obtienen ningún resultado. Pedro queda atónito. Si en ese momento seguía conservando algo del mal humor que demostraba su rostro y su hablar, se le borró completamente al no hallarla.     
- ¡Acá tampoco está! ¡Esto es muy raro!... ¡No se mueva! ¡Ahora vengo!... Voy a hacer una consulta acerca su llegada.
-
Pedro se queda mudo ante la consulta de  Dolly pero no deja que la incertidumbre lo congele y comienza a caminar hacia el portal mientras la oveja lo sigue con sus ojos. Abre una de esas puertas imponentes como si fueran de cartón y entra al supuesto paraíso. La oveja, que no se perdía de un solo detalle, se da cuenta que aquellas puertas medievales no fueron destrabadas por él. No se cerraban por completo o al menos en ese momento no lo estaban.

Continuará... 

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