Dolly, temerosa pero ansiosa, golpetea
el atril con su patita esperando algún signo de conciencia de esa persona. Falla
en su primer intento. Pero como no había llegado hasta allí para rendirse tan fácilmente,
arremetió a patadas el atril esperando que el ruido lo despertara. Esta vez apenas
logró su objetivo. El hombre que estaba recostado se fue enderezando lentamente
sin apuros ni reparos en que tenia a alguien en frente. Finalmente, con los
ruidos y bostezos normales que cualquier ser emite al desperezarse, el hombre
se incorpora y descubre que lo habían despertado a propósito. “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...”
-comento el parlante justo a tiempo para interrumpir esos ruidos
desagradables- El guardián mira fijo a Dolly esperando algo de ella o quizás dándole
tiempo a su propio cuerpo para que entre en pleno funcionamiento y así poder articular
alguna idea. Entonces dijo:
-Sí,
estaba durmiendo… ¡hasta que llegaste! –El misterioso guardián se adelanta al reproche.
Lo hace de forma pausada mientras se frota el rostro con sus manos.
-Mi
nombre es Pedro y… “…¡Bienvenido fiel
servidor del todo poderoso!...” –Es interrumpido por el parlante
nuevamente. Pedro lo mira disgustado, advirtiéndole que no lo vuelva a hacer.
-Como
decía… Mi nombre es Pedro y… “… ¡Bienvenido
fiel servidor del todo poderoso!...” –Otra vez el parlante se interpone en
la oración.
En ese momento Dolly sospechó que este
no era un simple objeto inerte. Más bien parecía elegir cuando repetir esa
frase que estaba predestinado a decir por toda la eternidad. Quizás no fue tan
desacertado pensar que pedía a gritos que lo reemplacen.
Pedro le clava la mirada y lo señala en
forma amenazante. Le advierte que esta vez va en serio. Y continúa.
-Como
le decía -mira fijo al artefacto- Mi nombre es Pedro… “… ¡Bienvenido fiel servidor del todo poderoso!...”
De un solo movimiento Pedro arranca
salvajemente el cable que le servía de alimentación, y con él, desgarra y descuartiza
cada elemento que lo componía en una instantánea reacción en cadena. Dolly
queda sorprendida por ese acto bestial. Termina por limpiarse las astillas que la
impactaron. Algunos restos quedan fijados a la pared siendo consumidos por una
pequeña e inofensiva llama. Pedro comienza nuevamente con su oración
inconclusa.
-¡Listo!
¡Problema resuelto! –Sacude sus manos- Como decía, mi nombre es Pedro y... ¡Bienvenido
fiel servidor del todo poderoso! –se mofa del aparato.
-Entonces -sigue- dígame
cuál es su nombre así lo tacho de la lista e ingresa al paraíso.
-
...
(Como podíamos sospechar esta oveja
tampoco puede hablar, al menos no de la forma en la que estamos acostumbrados.)
-Eh…
¿Me lo repetiría?
-
...
-Con
que Dolly, eh… Daniela, Diego…Dolly… ¿Dolly?
Pedro usa sus lentes para leer de cerca
y busca el nombre sin resultados favorables en un libro comparable a una guía
telefónica que estaba carcomida por el tiempo. Entonces se pone a pensar con la
mirada perdida en algún horizonte inexistente y, con un gesto de complicidad y picardía,
dice:
-
Mmmh... No la encuentro... Quizás esté
en los rechazados.
Comienza a buscar detrás de su atril
haciendo un ruido tremendo, como si en esa pequeña caja de madera, que le servía
más de almohada que de escritorio, escondiera un mundo de libros y utensilios
de lata totalmente desordenados. El ruido se detiene repentinamente. Cuando parece
haber encontrado lo que estaba buscando,
saca un enorme libro capaz de aplastar una ciudad entera. Pedro logra sostenerlo
en un movimiento fugaz. Dolly no deja de sorprenderse por el tamaño monumental
de aquella cosa.
La oveja observa detenidamente como Pedro
traslada y acomoda en el suelo a ese gigantesco volumen como si fuera uno más
de cualquier biblioteca. Mientras el guardián busca la página Dolly se acerca
cautelosamente. A pesar de que el libro tiene dimensiones extraordinarias
parecería que llegar al lado del guardián no costara más que unos pasos y
algunos segundos.
Entre los dos buscan aquel nombre pacientemente
pero no obtienen ningún resultado. Pedro queda atónito. Si en ese momento
seguía conservando algo del mal humor que demostraba su rostro y su hablar, se
le borró completamente al no hallarla.
-
¡Acá tampoco está! ¡Esto es muy raro!... ¡No se mueva! ¡Ahora vengo!... Voy a hacer
una consulta acerca su llegada.
-
…
Pedro se queda mudo ante la consulta de Dolly pero no deja que la incertidumbre lo
congele y comienza a caminar hacia el portal mientras la oveja lo sigue con sus
ojos. Abre una de esas puertas imponentes como si fueran de cartón y entra al
supuesto paraíso. La oveja, que no se perdía de un solo detalle, se da cuenta que
aquellas puertas medievales no fueron destrabadas por él. No se cerraban por
completo o al menos en ese momento no lo estaban.
Continuará...


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