Desde el comienzo

lunes, 23 de junio de 2014

1º Capitulo - III

El guardián había recuperado el mal humor que lo caracteriza mientras caminaba por ese paraíso blanco. Un paraíso tan vacío que no albergaba más que unas nubes rechonchas que insinuaba un falso horizonte. Se toma su tiempo para llega a un simple sillón individual de color verde. Este sillón estaba sobre una alfombra circular con motivos florales y tonos rojizos. Tenía una pequeña manta de lana sobre su respaldo que hacia juego con la alfombra y que, quizás, habría cubierto a alguien en alguna ocasión invernal.
Pedro se detiene. Nota que no hay nadie sentado sobre el sillón pero que la pantalla de luces multicolores que estaba en frente seguía encendida. Parecía que alguien recientemente estuvo viéndola allí recostado.   
-¡Señor! ¿Señor?  …¿Dónde se habrá metido?
Empieza a llamar a un tal “Señor”. Busca detrás de la pantalla, debajo de la alfombra y los almohadones. Mira hacia un lado y hacia el otro usando sus manos como visera para protegerse del brillo enceguecedor del cielo. Mientras lo sigue buscando le da la espalda al sillón y de repente unos grandes ojos saltones se asoman por sobre el respaldo. Vuelven a esconderse rápidamente cuando el guardián se voltea. Sigue llamando a ese tal “Señor”. Su humor empeora a cada instante. Refunfuña y balbucea insultos incomprensibles. Otra vez aparecen esos ojos saltones, pero esta vez esperan a que Pedro le de la espalda al asiento y…  -“¡¡¡¡¡Aaaaah!!!!! ¡Buga, buga, buga, buga!...”
Una personita con un cuerpo que pretendía más de lo que era en realidad, salta hacia él en un movimiento brusco para asustarlo. Sin embargo el guardián  lo mira fríamente sin inmutarse.
Jajajajajaajajajaaja! –La personita se desparrama de risa. Pedro lo observa. Está claro que no lo soporta.
-¡Jajajaja! ¡Tuviste que ver tu cara! Era algo así... -Este personaje toma temporalmente la forma Pedro pero con una diferencia. Lo representa de una manera asustadiza, temblando del miedo que supuestamente le causó. 

 El guardián no puede quitarle la vista de encima. Imagina que sus ojos son puñales que se hunden miles de veces en aquel cuerpecito. A pesar de la clara intención que tiene en su mirada, la personita no parece notarlo y sigue con su transformación burlona. 
- No, no es cierto Señor. –Critica la representación de una manera tajante.
Jajaja!... aaay Pedro... Si, lo es. –Le retruca limpiándose las lágrimas que se les escapaban por tantas carcajadas, pero esta vez con su cuerpo habitual.
-Sí Señor, tiene razón. –Concede resignado sabiendo que esa discusión no la podía ganar.
-¡Por supuesto!...  Bueno, contame por que venias tan apurado.
Continuará... 


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