El guardián había recuperado el mal
humor que lo caracteriza mientras caminaba por ese paraíso blanco. Un paraíso
tan vacío que no albergaba más que unas nubes rechonchas que insinuaba un falso
horizonte. Se toma su tiempo para llega a un simple sillón individual de color
verde. Este sillón estaba sobre una alfombra circular con motivos florales y
tonos rojizos. Tenía una pequeña manta de lana sobre su respaldo que hacia
juego con la alfombra y que, quizás, habría cubierto a alguien en alguna
ocasión invernal.
Pedro se detiene. Nota que no hay nadie
sentado sobre el sillón pero que la pantalla de luces multicolores que estaba
en frente seguía encendida. Parecía que alguien recientemente estuvo viéndola allí
recostado.
-¡Señor!
¿Señor? …¿Dónde se habrá metido?
Empieza a llamar a un tal “Señor”. Busca
detrás de la pantalla, debajo de la alfombra y los almohadones. Mira hacia un
lado y hacia el otro usando sus manos como visera para protegerse del brillo
enceguecedor del cielo. Mientras lo sigue buscando le da la espalda al sillón y
de repente unos grandes ojos saltones se asoman por sobre el respaldo. Vuelven
a esconderse rápidamente cuando el guardián se voltea. Sigue llamando a ese tal
“Señor”. Su humor empeora a cada instante. Refunfuña y balbucea insultos
incomprensibles. Otra vez aparecen esos ojos saltones, pero esta vez esperan a
que Pedro le de la espalda al asiento y… -“¡¡¡¡¡Aaaaah!!!!! ¡Buga, buga, buga, buga!...”
Una personita con un cuerpo que pretendía
más de lo que era en realidad, salta hacia él en un movimiento brusco para
asustarlo. Sin embargo el guardián lo
mira fríamente sin inmutarse.
-¡Jajajajajaajajajaaja!
–La personita se desparrama de risa. Pedro lo observa. Está claro que no lo soporta.
-¡Jajajaja!
¡Tuviste que ver tu cara! Era algo así... -Este personaje toma temporalmente la
forma Pedro pero con una diferencia. Lo representa de una manera asustadiza, temblando
del miedo que supuestamente le causó.
-
No, no es cierto Señor. –Critica la representación de una manera tajante.
-¡Jajaja!...
aaay Pedro... Si, lo es. –Le retruca limpiándose las lágrimas que se les
escapaban por tantas carcajadas, pero esta vez con su cuerpo habitual.
-Sí
Señor, tiene razón. –Concede resignado sabiendo que esa discusión no la podía
ganar.
-¡Por
supuesto!... Bueno, contame por que
venias tan apurado.
Continuará...


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