Desde el comienzo

sábado, 3 de enero de 2015

2º Capitulo - III

¿Recuerdan la descripción del alquitrán? (“una sustancia viscosa de olor muy fuerte que se adhiera a todo lo que toca”) Bueno, el Señor se encuentra nuevamente en ese estado, insistiendo en permanecer de esa forma a toda costa. No quiere perderse un solo detalle de las descripciones multicolores que la pantalla le ofrece.

Materializándose en un instante, aparece un alma enmarañada de cuatro patas caminando muy tranquila por detrás de los aposentos del todopoderoso. La criatura merodea pacíficamente por los alrededores como un habitante más del Paraíso, hasta que se encuentra a otra bestia similar que también aparece de repente. Ambos comienzan a juguetear entre relinchos.  De pronto un tercero se les tira encima para sumarse al juego. Terminan despatarrados en el suelo. Apenas logran ponerse de pie cuando un cuarto, quinto y sexto de estos bichos pasan galopando ruidosamente por detrás del respaldo del Señor, quien hasta este momento, no advirtió que ya no estaba solo.

De repente, una manada de miles de millones de estos bichos extraños comienzan a poblar los alrededores del paraíso creando una estampida masiva. Sin embargo el todopoderoso seguía concentrado en alguna cosa especial y de vital importancia que las luces le mostraban. Lentamente se convirtió en una isla entre un océano de estas criaturas. Hizo falta que tan solo una de ellas se interponga entre sus ojos y la pantalla para que interrumpa su meditación de última generación. Por fin advierte ese caos.
Como una señora que acaba de descubrir que su cocina se convirtió en una madriguera de ratones, el todopoderoso se trepa veloz y torpemente al respaldo del sillón evitando a toda costa que alguna de estas alimañas lo toque.
-¡¡¡PEDROOO!!! –Gritó totalmente desaforado mientras se ponía a salvo.
Desde lejos se escucha una especie de silbidos cortos y chistidos. A medida que el sonido aumenta y se siente más cerca, estas almas comienzan a dispersarse como si fueran ganado. Al acercarse más y más los chistidos, el creador divisa una gran calva reflectante con un palo de escobas como estandarte.
-¡Shu! ¡Shu! ¡Shu!... –Las espanta mientras zarandea para un lado y para el otro la escoba con total normalidad para así poder avanzar. -¿Si Señor? ¿Usted me llamo?
-¡Sí! –Dice eufórico. -¿Qué son todas estas horribles y deformadas almas? Pensé que habías enviado a estos bichos a la tierra… ¿Los enviaste? –Pregunta desconfiado.
-Sí Señor,  lo hice. Y proliferaron como verá. –Mientras señala toda la multitud.
-¿Y por qué están todos acá? ¿Qué fue lo que pasó?
-¿Recuerda su primer intento? El que llamo como “Prototipo de Homo Sapiens”, la invención que estaba repetida porque había hecho una igual hace milenios. ¿La recuerda? –El guardián pregunta muy calmado.
-Sí, exacto, el que estaba repetido. –Dice mientras trata de no resbalarse del respaldo.
-Bueno, quizás sería bueno probar enviando ese modelo, porque el primero que mando a la tierra se encargó de devolverle TOOODAS estas almas.
-Uuuh…pobrecitas. –Totalmente devastado el Señor se lamenta.
-Sí, la verdad es que es una pena. Ni siquiera estuvieron el suficiente tiempo en la tierra como para disfrutarla a pleno.
-Si… ¿Qué? ¿Tiempo? ¿Eh? –Sacude la cabeza como un perro al que le sobran las ideas. -¿De qué hablas Pedro?
-De estas pobrecitas almas.
-¡Aaaah…! –Se desliza y se sienta nuevamente sobre su sillón- ¡No! yo estoy hablando del Hombre.  Los celos y la competencia por mi amor hicieron  que cometan esta locura. –Explica despatarrado. -Es terrible pero que exterminen una especie completa solamente para llamar tu atención, te sube el autoestima. -Mientras que con sus manos se sostiene el pecho para que su corazón no salte de alegría, el Señor sube la mirada soñando con sus más leales seguidores.
Pedro se queda paralizado por lo indigno de lo que acaba de escuchar. No puede creer la barbaridad que dijo su amo. Pero como todo buen leal seguidor, continuo con sus deberes.
-Mejor saco a esas criaturas de aquí...  ¡Shu!  ¡Shu! ¡Shu! –Murmura mientras comienza a arrear con su escoba a las miles de millones de almas que estaban detrás del respaldo del sillón.

El todopoderoso no pierde el tiempo y mientras su súbdito se encarga de organizar la plaga, él se vuelve a acomodar plácidamente en su almohadón favorito para seguir observando la pantalla de colores vibrantes. 

Continuará...

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