¿Recuerdan
la descripción del alquitrán? (“una sustancia viscosa de olor muy fuerte que se
adhiera a todo lo que toca”) Bueno, el Señor se encuentra nuevamente en ese
estado, insistiendo en permanecer de esa forma a toda costa. No quiere perderse
un solo detalle de las descripciones multicolores que la pantalla le ofrece.
Materializándose
en un instante, aparece un alma enmarañada de cuatro patas caminando muy
tranquila por detrás de los aposentos del todopoderoso. La criatura merodea
pacíficamente por los alrededores como un habitante más del Paraíso, hasta que
se encuentra a otra bestia similar que también aparece de repente. Ambos comienzan
a juguetear entre relinchos. De pronto
un tercero se les tira encima para sumarse al juego. Terminan despatarrados en
el suelo. Apenas logran ponerse de pie cuando un cuarto, quinto y sexto de
estos bichos pasan galopando ruidosamente por detrás del respaldo del Señor,
quien hasta este momento, no advirtió que ya no estaba solo.
De
repente, una manada de miles de millones de estos bichos extraños comienzan a
poblar los alrededores del paraíso creando una estampida masiva. Sin embargo el
todopoderoso seguía concentrado en alguna cosa especial y de vital importancia que
las luces le mostraban. Lentamente se convirtió en una isla entre un océano de
estas criaturas. Hizo falta que tan solo una de ellas se interponga entre sus
ojos y la pantalla para que interrumpa su meditación de última generación. Por
fin advierte ese caos.
Como
una señora que acaba de descubrir que su cocina se convirtió en una madriguera
de ratones, el todopoderoso se trepa veloz y torpemente al respaldo del sillón evitando
a toda costa que alguna de estas alimañas lo toque.
-¡¡¡PEDROOO!!!
–Gritó totalmente desaforado mientras se ponía a salvo.
Desde
lejos se escucha una especie de silbidos cortos y chistidos. A medida que el
sonido aumenta y se siente más cerca, estas almas comienzan a dispersarse como
si fueran ganado. Al acercarse más y más los chistidos, el creador divisa una
gran calva reflectante con un palo de escobas como estandarte.
-¡Shu! ¡Shu! ¡Shu!... –Las espanta mientras zarandea para un lado y
para el otro la escoba con total normalidad para así poder avanzar. -¿Si Señor?
¿Usted me llamo?
-¡Sí! –Dice eufórico. -¿Qué son todas estas horribles y deformadas
almas? Pensé que habías enviado a estos bichos a la tierra… ¿Los enviaste? –Pregunta
desconfiado.
-Sí
Señor, lo hice. Y proliferaron como
verá. –Mientras señala toda la multitud.
-¿Y por qué están todos acá? ¿Qué fue lo que pasó?
-¿Recuerda
su primer intento? El que llamo como “Prototipo de Homo Sapiens”, la invención
que estaba repetida porque había hecho una igual hace milenios. ¿La recuerda? –El
guardián pregunta muy calmado.
-Sí, exacto, el que estaba repetido. –Dice mientras trata de no
resbalarse del respaldo.
-Bueno, quizás sería bueno probar enviando ese modelo, porque el
primero que mando a la tierra se encargó de devolverle TOOODAS estas almas.
-Uuuh…pobrecitas. –Totalmente devastado el Señor se lamenta.
-Sí, la verdad es que es una pena. Ni siquiera estuvieron el suficiente
tiempo en la tierra como para disfrutarla a pleno.
-Si… ¿Qué? ¿Tiempo? ¿Eh? –Sacude la cabeza como un perro al que le
sobran las ideas. -¿De qué hablas Pedro?
-De estas pobrecitas almas.
-¡Aaaah…!
–Se desliza y se sienta nuevamente sobre su sillón- ¡No! yo estoy hablando del
Hombre. Los celos y la competencia por
mi amor hicieron que cometan esta locura.
–Explica despatarrado. -Es terrible pero que exterminen una especie completa solamente
para llamar tu atención, te sube el autoestima. -Mientras que con sus manos se sostiene
el pecho para que su corazón no salte de alegría, el Señor sube la mirada
soñando con sus más leales seguidores.
Pedro
se queda paralizado por lo indigno de lo que acaba de escuchar. No puede creer
la barbaridad que dijo su amo. Pero como todo buen leal seguidor, continuo con
sus deberes.
-Mejor saco a esas criaturas de aquí... ¡Shu!
¡Shu! ¡Shu! –Murmura mientras comienza a arrear con su escoba a las
miles de millones de almas que estaban detrás del respaldo del sillón.
El
todopoderoso no pierde el tiempo y mientras su súbdito se encarga de organizar
la plaga, él se vuelve a acomodar plácidamente en su almohadón favorito para
seguir observando la pantalla de colores vibrantes.
Continuará...
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