Desde el comienzo

jueves, 15 de enero de 2015

2º Capitulo - IX

Mientras el Señor sigue mirando sus destellos multicolor, Pedro regresa de arrear a las bestias. Pero esta vez con una inquietud que lo tiene muy perturbado.
-Señor, –interrumpe- notó que, además del inmenso exterminio que a usted le subió el autoestima,  últimamente hay muy pocas almas circulando.
-Mmmh… no, no lo note –indiferente-  estuve muy concentrado observando mis creaciones.
-Entonces le paso a comunicar que ¡SI! hay menos almas circulando por el paraíso. Sin embargo, recientemente aumento de forma terrible la cantidad que ingresaron. Aunque  entran más y más, cada vez veo a menos caminando por aquí –explica inquieto.
-¡Qué raro! –Reflexiona el Señor. -¿Y por qué no vas a buscar alguna de esas almas para preguntarle por que entró y si sabe dónde están las demás?
-Yo esperaba que sea usted quién me lo dijera. –A Pedro no le sorprendió en lo más mínimo la pregunta del Señor.
-Pedro, si querés que te acompañe solo tenés que pedírmelo. -Risueño, se despega de su sillón para poder mirarlo de frente mientras se apoya en uno de sus codos. Intenta tener una actitud paternal para con Pedro. Sin embargo, como con todo lo que intenta hacer, fracasa y no hace más que mostrarse de una forma escalofriante.
Pedro, con sus brazos colgando a sus costados y las piernas apenas flexionadas, mira el cielo realmente agotado. El Señor despega de un salto y aterriza en el piso totalmente erguido y con la seguridad de un gran soldado. Comienza a caminar a paso firme alejándose de su sitio favorito. Su más leal servidor permanece unos instantes parado mirando al brillo de las nubes para juntar fuerzas y así soportar tal martirio. Sin más sigue  a su creador arrastrando los pies como si tuviera pantuflas de plomo.

Los dos marchan a la par. Ven pasar dos almas corriendo a toda velocidad en la misma dirección que ellos. Una tercera que venía rezagada los choca desde atrás al grito de: -“¡Apúrense, no se lo pierdan,  es nuevo y es espectacular!”
Se miran sorprendidos, y salen corriendo junto con las almas. De a poco se dan cuenta que cada vez se suman más en su carrera.
Sorprendidos, se frenan de repente, siendo esquivados por los otros que seguían su maratón.
Se encuentran frente a una fachada monumental. Molduras barrocas delicadamente decoradas que sobresalen a la vista gracias a que las luces y sombras artísticas, dan forma y volumen a toda la estructura. Cuando apenas bajan la mirada se dan cuenta que están frente a una multitud de centenares de miles de almas peleándose por tratar de atravesar el portal de ese hermoso frente.



Usando sus poderes persuasivos el Señor saca volando a trompadas cada una de las almas que interfieren en su camino más directo hacia la entrada. Pedro le sigue el paso tratando de no ser golpeado por los pesos muertos que el todopoderoso arroja por los aires de forma violenta. Este acto de salvajismo celestial no es ni siquiera advertido por cada uno de los seres que se amontonan formando esa avalancha de almas fanáticas. El Señor, furioso, logra atravesar la multitud. Se dirige decidido hacia el portal para cruzarlo pero su pie fue destrozado cuando intento abrirlo de una patada.
-¿Qué se supone qué es esto? –Se queja mientras masajea el pie afectado por la firmeza de las puertas. -¡Exijo que me dejen pasar!
Reclama furioso en la entrada justo cuando Pedro llega por fin a su lado. Está totalmente agotado ya que fue absorbido por los fanáticos.
-¡Buenos días camaradas! –Los saluda un alma que no habían visto. Evidentemente es el protector de aquel portal. Su trabajo es el mismo que el de Pedro, él  se encarga de decidir quién entra y quién no.
Este personaje se encuentra detrás de su atril. Este es del roble más sólido y brillante. Obviamente más elegante, alto y estilizado que el de nuestro guardián. Incluso la postura y los modales de este guardián son superiores, quizás para disimular que por debajo de su smoking negro tiene ocho tentáculos como brazos apoyados de forma ambiciosa y envolvente sobre el atril.
Con sus pequeños bigotes se dirige hacia el creador para presentarse. Entre tanto la multitud exorbitada es sostenida por unas barandas de oro con diseños barrocos.
-Yo soy el Dr. Rock,  represennntante legal del ¡Único y Real Todo Poderoso! –Se presenta. -Usted se encuennntra en el Paraíso Real de nnnuestro gran amo y maestro: La fabulosa oveja ¡Dolly! –Quedan boquiabiertos.
-Debennn ser el Señor y su servidor. ¿No es cierto? –Sus modales, aunque mejores que los de Pedro, claramente muestran una deficiencia en su forma de vocalizar.
-¡Esto es un ultraje! ¡Te voy castigar por decir tal barbaridad!
Enojadísimo, el Señor se prepara para arrojar con las manos sus famosos rayos mortales. Las recarga en lo alto y como si fuese una bruja encantando con sus largos dedos señala de forma repentina y feroz al protector del portal pero, esta vez, no pasó nada.
-Mmmm, lamennnto decirle que usted no puede hacer nada ennn este sitio. Usted no tiennne ningunnn poder en este sector del paraíso comúnnn.  –Explica mientras uno de sus tentáculos expresa de forma delicada cada una de sus palabras.
-¿Paraíso común?… ¿Qué está diciendo? ¡Pedro! ¡Hace algo!!! –Ordena  
-Si usted no pudo desintegrarlo no creo que yo pueda hacer nada. Además… yo no soy el “Señor Supremo” –Indiferente.
-¡Exijo que me dejen entrar! ¡Así que es mejor que lo haga! –Señala al piso para acentuar su orden.
-¡Nnno! –Cortante.
-¡Entonces quiero que llames a esa tal Dolly! ¡Quiero conocerla y arreglar cuentas con él!
Exige mientras se pone en guardia como un boxeador del siglo XIX.
-Ejem… Señor… Dolly es el alma que no pertenecía a ningún lugar… ¿se acuerda?... La oveja.  –Pedro le susurra de costado a su jefe.
-¡No! ¿De enserio? ¿Es esa? ¡Mira vos! ¿Cómo anda? –Como si nada hubiera pasado, cambia su rostro de un perro feroz a una ardillita curiosa.
-Eh… ya lo ve, creó su propio Edén. -Sorprendido por la pregunta de su amo.
Qué bueno! Bien por ella, –bipolar- pero no me importa ¡llamala ahora!
Nnno! –El Dr. se niega rotundamente.
-¡Aaah! ¡Maldición! –No hace más que quejarse con la vista clavada en el suelo. Sin sus rayos no sabe cómo contrarrestar  tan poderosa negativa.
-Mmmh, Señor  le voy a tennner que pedir que se retire. Esta afectannndo la paz de las demás criauras. –Dice el guardia del nuevo portal.
-¡NO ME VOY NADA! No me dejan otra alternativa que emprender acciones extremas. -Simulando arremangarse una camisa que no lleva puesta, el
Señor enfila hacia el portal barroco.
-Mmmm, le recomiennndo que nnno actúe de forma impulsiva, comprennnda que tiennne todas las de perder en este sitio. –Le advierte el Dr.
-¡Mñamgrrbñmanm!... ¡PAYASOOO! -Lo sorprende con un balbuceo inentendible y un grito de niña adolescente mientras, furioso, sacude el atril para demostrar algo de su sagrado poder.
-…Por favor, Señor… ¡por favor! –Sosteniendo su atril. -Retírese sino enfrennntara cargos por agresión verbal y daño a la propiedad privada. Además de los otros cargos que ya enfrennnta por intennnto de monopolización divina y por  no reconocer la existencia de  unnna de sus propias creaciones.
-Pfff…. ¡¡¡Ridículo!!!… ¡Ridículo vos y lo que estás diciendo!  ¡Yo soy el único! ¡Y yo soy el que decide a quien reconozco y a quien no! ¡Yo!… ¡yo!…. ¡yo!… ¡yo!… - Grita totalmente desbordado.
-Señor creo que se tiene que calmar. –Pedro lo apacigua. -Parece estar hablando en serio… y si es así, en este sitio no tiene jurisdicción. -Sujetando al Señor por los hombros. -Es de Dolly, no de usted… no sabemos cómo lo consiguió pero lo hizo ¡Cálmese!
-Mmmm, muy fácil Pedro. Nuestro Señor Único, Real y Todo Poderoso, Dolly, inició accionnnes porque no fue reconnnocida por su creador. Aúnnn bajo la prueba irrefutable de su existencia, no fue aceptado. A su vez comennnzo varias demannndas por monopolización del paraíso. –acompaña su explicación con delicados movimiento circulares de sus tentáculos.
-Pero yo nunca me entere de eso… ¡nadie me aviso! ¡Y por el solo hecho de que soy el creador de todo tendría que saberlo! Como me van a demandar, no hay estudios legales en el paraíso… solo en la tierra, pero… pero… ¡MENTIIIS! –Grita de forma muy aguda.
-No lo sé, puede ser. –Dice Pedro mientras Reflexiona. -Usted no reconoció a Dolly como su creación entonces ella, desde ese momento, no pertenecía a ningún  lugar. Fue libre de circular por cualquier sitio que existiera además de cometer cualquier acto sin tener consecuencias por ello. Por lo tanto, al no tener creador no tiene a nadie encima de él. No tiene ninguna regla que seguir más que las que ella ponga. Ella es su propio creador. Tiene todo por hacer y ninguna consecuencia que pagar por ello… -calla unos instantes- ¡¡¡Como usted!!! -Y señala al todopoderoso como si hubiera descubierto alguna pista clave.
-¡Exacto! –Afirma Rock. -Y es por eso que creó su propio paraíso. Uno que acepte a todos. Además, nos sacó a nosotros, “los expertos en normas de
convivencia”, del submunnndo.
-¡Solo son estupideces! –Niega mientras se cruza de brazos y le da la espalda al Dr.
-Pedro... ¿No quiere trabajar para Dolly? –Le hace caso omiso al Señor y se   
dirige a su par. -¡Nos serias muy útil!! –tendiéndole un tentáculo y una leve sonrisa como invitación.
-¡¿Siii?!...  No… no puedo.
El guardián está dispuesto a aceptar la oferta pero pronto se decepciona y con su pulgar señala a su amo.
-¡Estupideces! Solo eso… ¡Estupideces! ¡Ya van a ver! ¡Yo también voy a tomar acciones! ¡¡¡Vamos Pedro!!! –Se retira furioso arrastrando a Pedro de una mano.



Un instante después…
-Señor, cuando dijo que iba a tomar medidas me imagine otra cosa, algo más… “Profesional”.
Se los puede ver a ambos junto a una caja de cartón vacía y envoltorios desparramados. El Señor se prepara y comienza a ponerse una parte de un disfraz mientras Pedro mira como cuelga de sus manos la otra parte que le toco del mismo traje. Es uno de dos piezas que simulan a la última criatura que el todopoderoso creo.
-¡Shhh!... Primero hay que ver qué es lo que hay dentro de ese lugar que tanto llama la atención de todos. –Explica muy excitado, tratando de aguantar sus carcajadas traviesas.
-Muy bien ¿pero no puedo ser la parte de delante de la criatura? –Mientras trata de entrar en su parte del disfraz.
-No seas quisquilloso y apurate. –Se coloca la cabeza falsa del supuesto bicho.
Entre tiradores, pieles y parches, simulan ser un alma que recién ingreso al paraíso y así sumarse a la fila que los hará entrar a ese lugar tan misterioso y tentador para todas las criaturas. Aunque es una obviedad que eso es un disfraz ningún ser nota su presencia. Y si no fuera por las risitas contenidas del Señor pasaría totalmente desapercibido. A pesar de todo logran atravesar el portal barroco sin ser notados por los atentos tentáculos del guardián o por lo menos eso demostró.

“Luego de varias parrandas”…
Una vez afuera del paraíso de Dolly, Pedro y Señor se quedan parados a
metros de allí con sus caras petrificadas por la sorpresa. El Señor, con una peluca flúor, guirnaldas y unas alitas de ángel que son sostenidas por sus hombros con unos lazos de cuero, no puede ocultar su fatal expresión de preocupación. Sus ojeras y comisuras no pretenden esconder cada una de las terribles cosas que se le están pasando por su cabeza. Se imagina lo desastroso que puede resultar este lugar para él y su existencia. No es el caso de Pedro, que
ni si quiera su enorme bigote puede esconder la enorme sonrisa que divide su rostro a la mitad. Una corbata atada a su mano derecha, una maraca en su mano izquierda, marcas de besos con rouge sobre su calvicie, restos de papel picado por todo su cuerpo y un chupete de plástico gigante que cuelga de su cuello, demuestran un panorama totalmente opuesto al de su creador.
- Esto… esto es… ¡Es terrible! –Deprimido mientras se sacude los restos de la supuesta fiesta.
-¡Si, terrible! –Dice el guardián, inmóvil, temiendo que al alterar su sonrisa su felicidad desaparezca.
Comienzan a alejarse lentamente del portal de Dolly mientras varias almas los atraviesan en dirección contraria para unirse a las largas filas que querían ingresar al nuevo paraíso. El Señor logro deshacerse de todos los restos. Pedro se sigue aferrando a ellos y a su sonrisa.

-Esto no es bueno. ¿Cómo un alma es capaz de hacer algo tan terrible en mi contra?... ¡Es terrible! –Tratando de entender que está pasando se habla a sí mismo.
-¡Si, fue terrrrible! –Dice Pedro con la mirada más extraviada que antes.
-Yo, yo… eh…  ¡Terrible! –El todopoderoso está desconcertado.
-…Terrible
-Sí, Pedro, terrible… -Frena su marcha de repente, recuperándose del golpe emocional. Y mientras se endereza para tomar aliento cambia de tema.
 -Por cierto, si estas vos acá ¿Quién está en el portal?
-Si…Terrible…  ¿Eh?... -Sacude su cabeza y se despabila. -¡Ah!, sí, llame al Rey Naldo para que me reemplace. Como fue su servidor durante mucho tiempo y tiene su confianza creí que no habría ningún problema. –Encogiéndose de hombros busca desligarse de cualquier responsabilidad.
-¿Con que Rey Naldo? ¡Qué bueno! –Feliz. -Entonces te voy a acompañar para verlo. Hace mucho que no hablo con él.
-¿Acom…? ¿Acompañarme?... brgrr… Como usted quiera. ––Se le borro la enorme sonrisa al instante y comenzó a sacudirse los recuerdos de la genial fiesta a la que fueron.
Con marcha firme el Señor llega al portal mientras que Pedro le seguía el paso arrastrando sus pies. Apenas destraban el portal escuchan un grito desgarrador que pedía auxilio. Al abrir completamente las puertas descubren a un alma cubierta por una malla de metal. Agitaba su letal arma de forma despiadada. Cualquier cosa que se cruzaba en su camino, incluso las almas que querían entrar, eran rebanadas por ese filo. El guardián del portal y su creador quedaron congelados al ver tal carnicería.   

Continuará...

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