-¡Que
lastima! –Sumamente preocupado por el incidente. -En este lugar nadie tiene
sentido del humor. Esto es insossstenible… en fin, que desperdicio. –Dice mirando
la horrorosa máscara.
Despreocupado, la revolea hacia el
sillón y le resta importancia a lo que acababa de suceder como si eso fuese
habitual.
Mientras sacude sus brazos para
dispersar el humo que quedó como remanente de aquella terrible experiencia (Para
el alma, por supuesto) recuerda el objetivo de su broma.
-Por
cierto, ¿Dónde se metió Pedro? -Cuestiona
en voz alta. -Mejor lo voy a buscar mientras se disipa un poco este humo
espantoso.
Vuelve a sacudir sus brazos para ahuyenta
a la inmensa nube gris, borrando el
único legado que el alma consumida dejó para la posteridad de todos los
habitantes del paraíso. Finalmente se encaminó hacia el portal para encontrase con
su fiel servidor.

Entretanto, Pedro descubre que la oveja ya
no estaba en el portal. Se queda quieto unos instantes tratando de encontrar con
la mirada algún rastro que haya dejado esa tal Dolly. Pero al no descubrir
ninguna pista de ella, relaja sus hombros.
-Seguramente se cansó de esperar y se fue
en busca de un lugar mejor… si es que lo hay, ¡pfff! –Se convence. –En fin, ya es
problema de otro.
Al sentirse aliviado por no tener que
cargar con esa responsabilidad, se recuesta nuevamente sobre su atril para
continuar con sus rutinarias siestas.
Repasando lo que sucedió hace unos
instantes, el Señor se dirige al portal en busca del guardián. Caminando
plácidamente con sus brazos cruzados detrás del cuerpo, reflexiona:
-¡Qué
cosa seria! No se puede hacer ni una broma, ni una jugarreta que cualquiera lo
toma a mal... –Comenta indignado. Pero de repente se frena y cambia de tema
rotundamente.
-¡Por cierto! ¿Qué habrá pasado con el
alma que no aparece en el registro? ¿Es posible hacer algo tan horrible como
para ser rechazado aquí… y “allá”? Aunque, por otro lado… -Sigue caminando mientras
se sujeta el mentón con una de sus manos para demostrar su gran concentración.
-Aunque por otro lado -repite- Pedro
probablemente no la buscó lo suficiente. Ya todos conocemos su reputación... Ejem…
Antes era tan gracioso y por demás eficaz… -Mira el cielo, anhelando viejos
momentos seguramente más entretenidos y felices que los actuales. -Mejor admiro todo lo que mi grandeza hizo
posible y me distraigo un rato. Tanta responsabilidad no es recomendable.
Y el Señor se distrajo. Materializo un
pequeño banquito de playa, (de esos que se despliegan formando una cruz
que extiende una lona en donde uno se
sienta) y reposa mirando algún inexistente horizonte. Con sus cortas patitas
colgando descansa en aquella eternidad blanquecina. Podemos decir con certeza
que no ostenta ningún lujo.
Continuará...
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