-Cualquiera
diría que soy un ególatra ¡Pero que me importa! A ese cualquiera lo cree yo
junto con el resto. -Confiado y burlón reflexiona. -Claro, excepto a esa tal
Dolly que no la tengo en el registro... ¡Puf!... ¡¡¡Esto es paz!!!
Termina por divagar. El Señor levanta
los brazos para estirarse y descansa su cabeza sobre ellos. Cierra sus ojos.
Totalmente relajado, se olvida de hacia dónde iba. Planea permanecer así un
buen rato, pero a pesar de la tranquilidad de la que estaba dispuesto a
disfrutar, se divisa un alma a lo lejos que parece acercarse lista para quebrar
aquel estado de paz. El Señor no la nota ya que mantiene sus parpados cerrados.
Cuando el alma pasa a su lado se da cuenta de a quién se encontró en su camino y,
como si él fuera una celebridad, comienza a temblar de emoción. Este sujeto
tiene una pequeña particularidad. Tiene un rabo. Una cola que agita a toda
velocidad demostrando su emoción además de unas patas similares a las de un can.
Claramente tiene un desorden de hiperactividad.
-¡Usted!
¡Usted! ¡USTED ES…!!! –Grita desbordada
de ansiedad.
El todopedoroso se encontraba sumergido
en un profundo sueño. Es sorprendido dando un pequeño salto en su asiento. Pero
enseguida reacciona y se acomoda para estar más presentable frente a una de sus
creaciones.
-Sí,
sí, sí… soy yo. ¿Y vos quien sos?
-¡No
lo puedo creer! ¡Estoy frente a usted! ¡¡¡Por fin!!!
Todo este tiempo no solo tiene su cola moviéndose
como loca sino que además repica sus pies como un cachorro al que le acarician
la panza. Es alguna extraña especie de fusión entre una persona y un perro.
-¿Y
vos quien sos? –Pregunta otra vez.
-¡¡¡Soy Yo…!!! -El alma
espera algún tipo de reconocimiento ya que, por lo que le habían contado y había
aprendido en toda su vida terrenal, ¡el Señor todo lo sabia! Pero en este caso ambos
se quedaron en silencio. El todopoderoso esperaba que le respondiera, y el alma
quería ser reconocida.
-¡Es
increíble! ¡Es tal cual me lo imaginé! –Rompe el silencio y continúa con su
hiperactividad errática. La indiferencia del Señor no pareció importarle.
-¡Todo este tiempo vagando por este
lugar vacío y chato! -Haciendo un gesto con la mano en posición horizontal diagramando
lo plano del suelo. -Hasta que
por fin el destino me trajo hasta Usted. ¡Usted! ¡USTED! –La ansiedad se
apodera de su ser. -Tengo tanto que preguntarle.
-¡Qué
bueeeeno! preguntasss... –cínico. -¡Momento!... ¿Cómo que chato?
El Señor la mira ofendida esperando que
ésta se disculpe.
-¡Sí!
¡Chato!... ¡Vea! -Saca una esfera del bolsillo y la coloca en el suelo. La
pelota permanece inmóvil. Los dos la miran detenidamente y ante tan sólido
argumento el Señor solo pudo preguntar:
-¿Quién
te dio eso?
-Me
lo encontré… -Retoma enseguida la conversación. -¡En todo este tiempo estuve
formulando infinidad de preguntas para hacerle! ¡Acá tengo la lista entera! Justo
acá, en mi “registro”
Saca una especie de pantalla luminosa portátil
y la empieza a toquetear con los dedos de una mano mientras la sostiene con la
otra. El creador, aterrorizado por tal aparato, lo observa desconfiado.
-¡Ya
las encontré!... ¡Empiezo por la primera!!! –Y comienza. -¿Cuál fue mi misión
terrenal? Digo, porque pienso que cada una de las miles de millones de vidas
que habitan el mundo debe tener una misión muy específica, ¿o no? –Le clava una
mirada penetrante esperando una respuesta. El Señor todavía estaba pensando en
la esfera. Al ver que su creador no contesto sigue con otra pregunta.
-¡Acá
va la segunda!!! ¿¿Por qué el cielo es azul?? -Lo mira fijo y con una sonrisa alarmante.
Y a pesar de ser sumamente inquieta, al terminar la pregunta se queda inmóvil
esperado la respuesta.
-¡La
tercera! Si usted fuera un animal ¿¿¿Cuál sería??? –Esta vez el Señor se da
vuelta y la ignora por completo. Le da la espalda pero ella sigue con su
cuestionario.
-¡La
última y más importante…! ¿¿¿Por qué…??? ¡AAAaaaahGggrrr!!! “¡Pufff!”
El alma se infla como un globo y revienta
en una explosión fugaz y luminosa, sin bocanadas de fuego ni volutas de humo.
Quizás descubrimos porque no se ven tantas almas en el Paraíso, o por lo menos,
cerca del Señor.
La esfera que había depositado en el suelo
salió despedida a algún páramo desconocido. Los pedazos de aquel extraño
aparato vuelven a ser víctimas de la gravedad y comienzan a estrellarse contra
el manchón negro producto de la explosión. El Señor sigue de espalda admirando
el firmamento.
-¡Listo!!!
¡Ya observé mucho!!! ¡Todo sigue siendo herrrmoso!!! –En un rápido movimiento
se incorpora sobre sus pies y posa como si fuera un superhéroe. Obviamente no
tiene la necesidad de reflexionar sobre las preguntas realizadas ni las
consecuencias de hacerlas.
Continuará...
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