Desde el comienzo

domingo, 20 de julio de 2014

1º Capitulo - VI

-Cualquiera diría que soy un ególatra ¡Pero que me importa! A ese cualquiera lo cree yo junto con el resto. -Confiado y burlón reflexiona. -Claro, excepto a esa tal Dolly que no la tengo en el registro... ¡Puf!... ¡¡¡Esto es paz!!!
Termina por divagar. El Señor levanta los brazos para estirarse y descansa su cabeza sobre ellos. Cierra sus ojos. Totalmente relajado, se olvida de hacia dónde iba. Planea permanecer así un buen rato, pero a pesar de la tranquilidad de la que estaba dispuesto a disfrutar, se divisa un alma a lo lejos que parece acercarse lista para quebrar aquel estado de paz. El Señor no la nota ya que mantiene sus parpados cerrados. Cuando el alma pasa a su lado se da cuenta de a quién se encontró en su camino y, como si él fuera una celebridad, comienza a temblar de emoción. Este sujeto tiene una pequeña particularidad. Tiene un rabo. Una cola que agita a toda velocidad demostrando su emoción además de unas patas similares a las de un can. Claramente tiene un desorden de hiperactividad.
-¡Usted! ¡Usted!  ¡USTED ES…!!! –Grita desbordada de ansiedad.
El todopedoroso se encontraba sumergido en un profundo sueño. Es sorprendido dando un pequeño salto en su asiento. Pero enseguida reacciona y se acomoda para estar más presentable frente a una de sus creaciones.
-Sí, sí, sí… soy yo. ¿Y vos quien sos?
-¡No lo puedo creer! ¡Estoy frente a usted! ¡¡¡Por fin!!!
Todo este tiempo no solo tiene su cola moviéndose como loca sino que además repica sus pies como un cachorro al que le acarician la panza. Es alguna extraña especie de fusión entre una persona y un perro.
-¿Y vos quien sos? –Pregunta otra vez.
 -¡¡¡Soy Yo…!!! -El alma espera algún tipo de reconocimiento ya que, por lo que le habían contado y había aprendido en toda su vida terrenal, ¡el Señor todo lo sabia! Pero en este caso ambos se quedaron en silencio. El todopoderoso esperaba que le respondiera, y el alma quería ser reconocida.
-¡Es increíble! ¡Es tal cual me lo imaginé! –Rompe el silencio y continúa con su hiperactividad errática. La indiferencia del Señor no pareció importarle.
-¡Todo este tiempo vagando por este lugar vacío y chato! -Haciendo un gesto con la mano en posición horizontal diagramando lo plano del suelo.          -Hasta que por fin el destino me trajo hasta Usted. ¡Usted! ¡USTED! –La ansiedad se apodera de su ser. -Tengo tanto que preguntarle.
Qué bueeeeno! preguntasss... –cínico. -¡Momento!... ¿Cómo que chato?
El Señor la mira ofendida esperando que ésta se disculpe.
-¡Sí! ¡Chato!... ¡Vea! -Saca una esfera del bolsillo y la coloca en el suelo. La pelota permanece inmóvil. Los dos la miran detenidamente y ante tan sólido argumento el Señor solo pudo preguntar:
-¿Quién te dio eso?
-Me lo encontré… -Retoma enseguida la conversación. -¡En todo este tiempo estuve formulando infinidad de preguntas para hacerle! ¡Acá tengo la lista entera! Justo acá, en mi “registro”
Saca una especie de pantalla luminosa portátil y la empieza a toquetear con los dedos de una mano mientras la sostiene con la otra. El creador, aterrorizado por tal aparato, lo observa desconfiado.

-¡Ya las encontré!... ¡Empiezo por la primera!!! –Y comienza. -¿Cuál fue mi misión terrenal? Digo, porque pienso que cada una de las miles de millones de vidas que habitan el mundo debe tener una misión muy específica, ¿o no? –Le clava una mirada penetrante esperando una respuesta. El Señor todavía estaba pensando en la esfera. Al ver que su creador no contesto sigue con otra pregunta.
-¡Acá va la segunda!!! ¿¿Por qué el cielo es azul?? -Lo mira fijo y con una sonrisa alarmante. Y a pesar de ser sumamente inquieta, al terminar la pregunta se queda inmóvil esperado la respuesta.
-¡La tercera! Si usted fuera un animal ¿¿¿Cuál sería??? –Esta vez el Señor se da vuelta y la ignora por completo. Le da la espalda pero ella sigue con su cuestionario.
-¡La última y más importante…! ¿¿¿Por qué…??? ¡AAAaaaahGggrrr!!! “¡Pufff!”
El alma se infla como un globo y revienta en una explosión fugaz y luminosa, sin bocanadas de fuego ni volutas de humo. Quizás descubrimos porque no se ven tantas almas en el Paraíso, o por lo menos, cerca del Señor.
La esfera que había depositado en el suelo salió despedida a algún páramo desconocido. Los pedazos de aquel extraño aparato vuelven a ser víctimas de la gravedad y comienzan a estrellarse contra el manchón negro producto de la explosión. El Señor sigue de espalda admirando el firmamento.  
-¡Listo!!! ¡Ya observé mucho!!! ¡Todo sigue siendo herrrmoso!!! –En un rápido movimiento se incorpora sobre sus pies y posa como si fuera un superhéroe. Obviamente no tiene la necesidad de reflexionar sobre las preguntas realizadas ni las consecuencias de hacerlas.

Continuará...


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